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Hace más de dos meses y medio escribía sobre la propuesta de reforma constitucional para modificar el sistema de elección a la Asamblea Legislativa. En aquel momento se esperaba que la propuesta presentada por Poder Ciudadano Ya tuviera en esos días su tercer lectura y votación. Sin embargo, en la Asamblea Legislativa algunos han preferido oponerse “discretamente” a que el proyecto pueda tan siquiera entrar a ser estudiado por una comisión legislativa.

En varias ocasiones se modificó la agenda legislativa de los miércoles, para que fueran otros proyectos los que pasaran a ser admitidos antes de la propuesta de Poder Ciudadano Ya.

El anuncio del martes, de que en la Asamblea Legislativa trabajarían los miércoles a doble sesión para sacar adelante las múltiples propuestas de reforma a la constitución que tienen haciendo fila, daba la esperanza de que finalmente el proyecto iba a ser admitido a discusión.

Sin embargo, el día de ayer diputados del Frente Amplio, PUSC y el PIN demostraron que las viejas herramientas de la política de antaño —de alargar debates y regalar minutos— siguen siendo parte de su arsenal, con tal de evitar que la propuesta de Poder Ciudadano Ya pudiera ser votada. La jefa de fracción del PUSC, María Inés Solís Quirós, le regaló sus treinta minutos a Walter Muñoz Céspedes del PIN, mientras que Aracelly Salas Eduarte, también del PUSC, le dio sus 30 minutos a José María Villalta del FA, todo con tal de que se agotara el tiempo de la sesión sin que se pudiera votar la admisión del proyecto.

Por otro lado, hay casos más explícitos y bochornosos, como el de la diputada Franggie Nicolás Solano (PLN) quien adelantó que —sin importar cómo se modifique la propuesta en su trámite legislativo— cuando el proyecto se llegue a votar ella estará en contra.

Su justificación fue asegurar que si aumenta la cantidad de diputados, se aumentará el gasto, como si los diputados no fueran quienes definen sus propios ingresos por lo que podrían distribuir el gasto actual de los 57 congresistas entre 84, en ese escenario el ingreso de cada congresista quedaría en el monto nada despreciable de ₡2.714.770,72.

La diputada Nicolás utilizó un argumento similar en el Plenario, señalando que el cambio aumentaría también la cantidad de asesores. Cuando ella sabe —o por lo menos debería saber– que la cantidad de asesores por fracción la define el Directorio Legislativo por simple acuerdo, por lo que, sí esa es su preocupación, le sobra tiempo para asegurarse que la cantidad total de plazas de asesores actuales se distribuyan entre el nuevo número de curules.

Claramente con más diputados se esperaría que cada uno requiera una menor cantidad de asesores para cumplir con sus deberes legislativos —el PAC ha demostrado que se puede y... los independientes también— y no necesariamente un aumento en la cantidad implica un incremento exponencial en el gasto, hay muchas formas de hacer las cosas y de hacerlas bien. Pero lo que la diputada buscaba no era más que una razón “populista” para poder oponerse desde ya a cualquier cambio.

Por otro lado, no quisiera pensar que la negativa de algunos diputados a siquiera admitir el proyecto para estudio no sea porque este establece que será el Tribunal Supremo de Elecciones quien destituirá a un congresista que incumpla las leyes de la República, dado que los legisladores no han querido aprobarse su marco disciplinario, como el que tiene cualquier otro funcionario, pero uno ya no sabe que esperar del Congreso.

El proyecto, eventualmente, será admitido para su discusión. Por más oposición que tengan ciertos sectores de Cuesta de Moras no dejar que ni siquiera se llegue a discutir un proyecto elaborado desde un grupo ciudadano —que además atiende una de las mayores insatisfacciones de la ciudadanía— podría terminar de lapidar la (ya de por sí desprestigiada) imagen legislativa.

Quienes apoyamos esta propuesta tenemos que estar vigilantes, ya que los atrasos y malas excusas estarán a la orden del día cuando el proyecto empiece su trámite legislativo.

Pueden existir dudas sobre el beneficio que en la práctica el proyecto traiga a nuestro sistema democrático, tal vez el proyecto puede todavía ser mejorado, pero de lo que no hay duda es de que las únicas personas que podrían oponerse a que esta discusión inicie son quienes ven en esta propuesta la amenaza de no volver nunca más a Cuesta de Moras.