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Diego Delfino

¿Y si tenemos un debate serio sobre las armas?

24 de febrero, 2019 5:55 pm
¿Y si tenemos un debate serio sobre las armas?

Esta semana Juan Carlos Hidalgo escribió: “Hoy repite varias inexactitudes sobre la reforma a la Ley de Armas y Explosivos. Por ejemplo, pone lo siguiente: "En dos platos: a como está este proyecto de ley hoy, una persona va a poder acceder hasta a tres armas, contando incluso, rifles de asalto". Procuré intentar tener un intercambio serio con él, indicando inclusive que estaba dispuesto a enmendar cualquier error en nuestro reporte. No fue posible discutir en esos términos. Es claro que en Twitter la idea de un debate con calma, serenidad y responsabilidad está descartada. No tardaron en saltar los ad hominem, las generalizaciones y el famoso y cada vez más popular sesgo confirmatorio. No es culpa de Hidalgo el comportamiento de sus seguidores. Es más, en términos generales considero que la voz de Juan Carlos es una de las más valiosas que tenemos hoy día para levantar la altura del debate público. Me gusta que confronte de forma directa, como no suele ser el caso en Costa Rica. Me gusta que defienda sus ideas con propiedad y que le recuerde a la ciudadanía la importancia del control político. Su problema es que es incapaz de reconocer un error, o de ofrecer una disculpa. Tiendo a desconfiar de la gente que nunca se equivoca pero también tiendo a esperar lo mejor de los demás así que me resisto a creer que tenga una agenda oculta o motivos “oscuros” para fundamentar sus posiciones, muchas de las cuales a menudo comparto. En esta situación en particular no estoy de acuerdo con él. No porque sienta que debo defender el trabajo de mis periodistas —que se defiende solo— sino porque es el clásico caso donde se procura desacreditar un medio para defender o alentar una posición. Juan Carlos, “sugiriendo” que desinformamos... termina desinformando él. No solo asume lo que quiere asumir de la frase sino que también la descontextualiza, es decir, cae en dos errores que con frecuencia ha criticado. Hidalgo procura dar a entender que estamos manipulando la conversación o escondiendo hechos —falso y falso—. ¿Con qué objetivo? Él lo sabrá mejor que yo. Por lo pronto lo que puedo decir es que:

  1. No hay nada “inexacto” en la frase que de forma descontextualizada el hombre cita. La afirmación de la frase es 100% correcta. Hidalgo fue incapaz de reconocer algo que es simple y sencillamente irrefutable.
  2. La “connotación” e “interpretación” la ponen él y sus seguidores. Ya no estamos hablando de “data” (como tanto lo pide él) sino de opiniones. Si alguien quiere decir que en esa frase lee una defensa de la existencia de Santa Claus, adelante. Pero la frase sigue diciendo lo que dice y sigue siendo cierta.
  3.  Si le hubieran dado seguimiento a toda la cobertura que hemos hecho del tema, incluyendo los reportes desde el inicio así como el Barra de Prensa de esa jornada se lo pensarían mejor a la hora de dirigir sus “ataques”.
Como ya dije en Twitter Hidalgo debería de estar preocupado del paupérrimo nivel de los diputados que le representan y defienden su posición (no reducir el número de armas legales), no por lo que sus prejuicios le lleven a concluir del trabajo de un medio serio como el nuestro. Porque lo de Zoila Volio, David Gourzong y hasta Jorge Fonseca durante esa jornada fue más allá de la congoja. No solo no lograron ni siquiera ponerse de acuerdo a la hora de fundamentar sus posiciones, desplegaron una preocupante ignorancia en el conocimiento de la ley al punto en que nuestro periodista Luis Madrigal tuvo que hacerle la tarea a Gourzong en Twitter. Zoila, que una y otra vez también ha debatido con datos falsos (pero Hidalgo insiste en centrar sus críticas en los falsos de la contraparte...) terminó haciendo tremendo papel por dejar el micrófono abierto. Encima, la propia diputada se “monta” sobre el mensaje que nos envió Hidalgo y escribe “No han presentado ningún argumento de peso para reducir el número de armas ni para mantener el inciso de los calibres de las municiones. Todo es falacia o mal información”. Le pregunté respetuosamente qué quería decir con eso y si aludía a nosotros (en vez de a sí misma, como debería si tuviera un poco de vergüenza). Por toda respuesta obtuve silencio y el candadito en su cuenta de Twitter. Dejaré eso ahí y regreso a Hidalgo. Yo no tengo problema con la posición de Hidalgo en el debate de las armas. De hecho, me parece que la ha defendido consistentemente bien. Tengo problema con que caiga en el circo de procurar desacreditarnos a nosotros para vender su obra y con que una y otra vez caiga en lo que él mismo critica. Doy un ejemplo concreto. Hidalgo publicó estos dos tuits: “Sigo esperando a que , dizque enemigo de las “fake news”, salga a denunciar esto como tal. Mientras, voy a servirme un café”. “Salta a dar por cierto el titular del medio, el cual está basado en una declaración completamente falsa del ministro de Seguridad. ¿Pero a quién le importa el rigor de los datos?”. El primero alude al diputado Enrique Sánchez (PAC) y el segundo a Leonardo Garnier. El primero alude a una nota de Telenoticias y el segundo a una nota de CR Hoy. Ambos medios, en efecto, publicaron datos incorrectos sobre lo que los diputados habían modificado en el proyecto de ley (el famoso rollo de las AK 47, etc). Hidalgo tiene razón. Sánchez debería señalar el error de Telenoticias para ser consistente y Garnier enmendar la publicación que hizo de la nota de CR Hoy para ser coherente. Pero ¿por qué Hidalgo no reacciona igual cuando las boludeces y la data falsa vienen de la contraparte? Eso es lo que resulta muy preocupante porque deja entrever que su “preocupación” por los “fake news” es muy selectiva. No vayamos muy lejos. Extra publicó una nota cuyo contenido ya probó ser requetefalso pero como no incomoda la tesis del experto no dice nada. Y cuando a la diputada Maria Inés Solís se le caen las medallas compartiendo ese artículo... tampoco la increpa como a Sánchez. ¿Entonces? Lo que tenemos es el clásico circo-mediático-político-a-la-tica. El Gobierno no ha sabido defender con propiedad su tesis. Los diputados a favor de la reforma, tampoco. Los diputados que se oponen, menos. Y las voces que están llamadas a exigir lucidez y sensatez terminan dejándose seducir por el juego de la desinformación a conveniencia que tanto critican. Nada de esto favorece a nadie. Nada. Este medio ni siquiera tiene una posición oficial sobre el asunto. Si la tuviéramos, la compartiríamos. Hemos publicado artículos desde ambos puntos de vista y hemos dado seguimiento a la discusión tal cual se ha dado en el Congreso, señalando los argumentos del Gobierno y de los diputados. Nos hemos limitado a hacer nuestro trabajo, que, como dije desde un inicio, habla por sí solo. Incomode a quien incomode. Pero algunos no solo ven molinos: ven fantasmas. Se los inventan. Y yo no puedo dejar de pensar en las enseñanzas de Doña Tere que desde muy pequeño me dijo: “cree el ladrón que todos son de su misma condición”. Diputados. Periodistas. Académicos. Activistas. Ciudadanía. Todos, en general, podemos hacerlo mucho mejor de lo que lo estamos haciendo. Aquí no se trata de “darle hasta por el hocico” a nadie. Se trata de argumentar con propiedad, evitar la desinformación y tener un mínimo de entereza. Cualquiera se equivoca (y vaya que mucha gente se equivocó esta semana) pero claramente no cualquiera lo reconoce. Podríamos empezar por ahí, a ver si entre todos ayudamos a levantar la altura del debate.

Los acontecimientos de los últimos días dejan mucho que desear.

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