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Cualquier escándalo en Costa Rica tiene su tragicomedia, y no iba a ser distinto para Oscar Arias. Por eso, no había pasado ni un día cuando empezaron a circular los memes para darnos unos segundos de risa cada vez. Es muy del tico, y no vengo a echar un sermón para decir que tiene que parar; estoy convencida de que hasta nos ayudan como colectivo a digerir la realidad. Hay una parte del humor que viene del sufrimiento ajeno. Entonces cuando la tragedia de unas mujeres se convierte también en la tragedia para un hombre que hasta hace una semana era intocable, se abre la puerta para llenar de humor el escarnio público. Puede que incluso parezca una especie de justicia inmediata mientras nos sentamos a esperar el resultado del largo proceso penal. Y así compartimos en segundos nuestro humor negro, creyendo que apoyamos desde el anonimato a las mujeres que se han levantado para denunciar no sólo a Oscar Arias si no la cultura que permitió por años que el acoso a las mujeres fuera algo casi que inevitable. Pero hay que dedicarle más de unos segundos a los memes, porque no son tan inocentes como parecen. Parte de la risa que nos dan es que los entendemos porque los vivimos, los tenemos profundamente internalizados y, casi en un reír para no llorar, apaciguamos la impotencia que da la sensación de que no hay nada que hacer al respecto. Pero también se nos puede ir un poco la mano; no contra lo que consideramos malo como las conductas que se le achacan ahora a Oscar Arias, sino que en medio del humor no nos damos cuenta de que también estamos arremetiendo contra las mujeres que lo han denunciado, a las que les queremos decir que les creemos.

Soy la primera en admitir que este me dio risa, porque con todo el respeto que se merece doña Inés Sánchez, la admiración colectiva sobre su longevidad se ha erigido como una fuente de humor al parecer tan inagotable como la energía que la mantiene así de bien. No obstante, entiendo perfectamente que Su Hija e incluso el Consejo Nacional Para La Persona Adulta Mayor alcen la voz para pedir que paremos, que es irrespetuoso no sólo para ella si no porque la burla contra su madre va en contra de los adultos mayores en general. Incluso, como persona me asusta pensar que se pueda hacer mofa de la posibilidad de que otra haya sufrido una agresión sexual.Este meme en particular me parece ofensivo por una razón más. Me hizo pensar en todos los que han salido a comentar en redes como “a la hora que se acuerda” o “¿por qué no lo denunció cuando le pasó?” Plantea que denunciar a un presidente de hace 200 años tiene la misma relevancia que lo que está pasando ahora y no es así. En medio del chiste se duda de quienes denuncian, y se les ataca como si el miedo a denunciar fuera un punto en su contra que sólo las desacredita. Lo que hay que pensar no es el meme en sí, sino en toda la cultura que está detrás, en el mismo machismo que normalizó el acoso durante décadas y que ahora va a tratar de desacreditar a las víctimas a como dé lugar. Entonces no sirve de nada andar publicando que #yolescreo si paso memes como este. Las denunciantes están haciendo un gran esfuerzo para que se les haga justicia, y nosotros solo estamos de audiencia. Más aún, la posibilidad de recibir justicia no es sólo para las víctimas, es para todos. Para saber que si en algún momento nos pasa algo podemos esperar que se nos escuche con toda atención y respeto. Eso es lo que significa el #yolescreo. No es condenar a Oscar Arias de facto, sino que ahora que estas mujeres denuncian nosotros salgamos a exigir que se siga el proceso con toda seriedad, con todo profesionalismo y que si Arias es culpable no haya impunidad ni suavidad en su castigo. Se trata de que si me pasa a mí yo pueda ir más rápido a buscar ayuda y denunciar para que no le pase a nadie más, sin miedo al “a la hora que se acuerda” o que insinúen que me lo inventé.

Este segundo ejemplo no me dio risa, pero me hizo pensar si mi interpretación era solo como mujer. Si alguien me viera así yo casi que inmediatamente trataría de cambiarme de acera o salirme del lugar o de buscar a alguien que me acuerpe para que el dueño de la mirada en cuestión no pase de ahí.Este meme me impulsa a contribuir en el debate que se ha mantenido sobre el acoso callejero, respecto a ciertas personas que genuinamente no entienden cuando las mujeres hablamos del recelo básico que nos enseñan nuestras madres como mecanismo de superviviencia; la ansiedad que siempre está en el fondo cuando caminamos por la calle; cómo aprendemos a vestirnos midiendo el eventual riesgo de que si la enagua es demasiado corta o si las sandalias dejan ver demasiado del tobillo. Esto no se lo tengo que explicar a las mujeres, porque a todas nos parece extraño cuando los acosadores se defienden y dicen “ay, pero si es sólo un piropo”. El problema no es sólo el piropo o el chiste o la miradita como la de este meme. El problema es que yo no sé qué va a tratar de hacer el acosador después, ¿va a decirme alguna otra cosa sobre mi cuerpo como si le perteneciera? ¿Va a tratar de seguirme para ver dónde vivo? ¿Va a buscarme en redes sociales y mandarme una foto de sus genitales? ¿Va a hacer esas cosas y luego decirme delicada por sentirme amenazada? Cosas así pasan en un segundo ante una mirada como la de este meme, y hacen que las mujeres tengamos que ir a la defensiva. Entonces, este meme en particular me remite al miedo que relatan quienes son ahora las víctimas, y hasta me ofende el imperativo del “quédate” porque una vez más, tanto a ellas como al resto de mujeres, se nos niega la importancia de dar nuestro consentimiento, la posibilidad de que sepamos lo que queremos, lo expresemos con un no y eso sea suficiente. Porque, si por algo se dio esta situación, así como muchas otras, es porque por siglos el consentimiento de las mujeres no se ha tomado con la seriedad que debería. Al argumento anterior podríamos agregar este meme:

No es sólo la crueldad contra la mujer en esta foto, sino el gran error que está en lo profundo de la cultura y del machismo. El acoso callejero, sexual o de cualquier índole no discrimina apariencia porque no se trata de la víctima, se trata del poder que ejerce el acosador sobre ella.No es que con dejar de compartir memes las cosas vayan a mejorar. Es por lo que podamos discutir a partir de ellos. Es para que cuando alguien a nuestro alrededor se lo tome a la ligera le recordemos que lo que en esos segundos fugaces nos parece gracioso, para otras personas representan un largo tiempo de sufrimiento. Por eso, en el #yolescreo también hay que pensar en que hay más allá de los memes que compartimos como parte de la reacción de shock y de repudio que nos da todo este escándalo. No es por dejar de compartirlos, si no por pensar un poco en lo que reproducen y que poco a poco normalizan. Es compartirlos pensando en las víctimas, con responsabilidad, con respeto, y sobre todo con compasión.