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Para el 2035, la capacidad de procesamiento de cualquiera de nuestros celulares de uso cotidiano será superior a la de la humanidad pensando a la vez, es un futuro imparable e inevitable. La robotización e inteligencia artificial nos pondrán contra las cuerdas en cuanto al trabajo, las leyes y la educación.

¿Por qué en medio de la situación socioeconómica de Latinoamérica deberíamos empezar la conversación sobre la automatización? Sencillamente porque si no lo hacemos ahora ocurrirá lo mismo que pasa con empresas como Uber, los drones, banca virtual, etc. Estaremos contra la pared durante incontables ocasiones mientras otros países aprovechan sus ventajas alrededor de esto.

No es necesario ir lejos, Costa Rica lleva varios años buscando crear un marco legal alrededor de la operación de Uber, tardó varios meses en estandarizar alguna legislación para uso de drones y eso sin contar todos los actores que se esfuerzan por detener estos cambios tecnológicos y eso que apenas hablamos de un app.

Recientemente La Nación informó sobre los planes de una buena cantidad de empresas de exportación de alimentos, TICs y servicios offshore que tienen planes pilotos o están pensando en automatizar parte de sus tareas

Si vieron Blackmirror, Matrix o la mayoría de las películas con robots, seguramente habrán pensado que nos quieren conquistar, que nos robarán los trabajos y si son dramáticos pensarán que nos usarán únicamente como baterías. Pues bueno, eso depende de nosotros.
Un ejemplo rápido, la República Corea en este momento lidera en cantidad de robots empleados en el país. Según la Federación Internacional de Robótica,el país cuenta con 631 robots por cada 10 mil empleados en la industria de manufactura, siendo 74 el promedio a nivel mundial.

Así como ha pasado con algunas apps, muchos pensarán “esta app o robot me va a robar el trabajo” sin embargo en estos países el índice de desempleo se mantiene en un índice normal alrededor del 4%, mucho menor que el de otros países.

De la misma manera, estos son los países en donde la pobreza se ha ido reduciendo constantemente desde los 90’s y actualmente tienen índice menores al promedio a nivel mundial.

Algo interesante es que ese mismo país invierte 7% de su PIB en educación, pero una educación que nos invita a reinventarnos cada cierto tiempo.

El futuro será de aquellos capaces de adaptarse al cambio cada vez más rápido, los trabajos no serán algo “para toda la vida” sino en trabajos temporales que cambiarán conforme sea necesario. Un día podrás programar, al siguiente estarás dando soporte a algún robot, luego podrás ser creativo.

Nuestros jóvenes deberían estar estudiando en este momento para carreras que aún no existen y ese es un gran dilema para aquellos dispuestos a dedicar 6 años de su vida para conseguir un título, especialmente si después de eso no demandan una formación continua.

El futuro está en manos de aquellos que logran encontrar trabajos en donde los humanos son mejores que las máquinas o aquellos en donde preferimos que sean humanos los que lo hacen.

Hace 100 años, ser estilista no era un trabajo. ¿Quién se hubiera imaginado que necesitaríamos alguien que peinara o cortara nuestro cabello? ¿Quién hubiera imaginado que las operadoras telefónicas dejarían de ser necesarias?

Estos son los cambios que nadie cree y que ocurren. La revolución industrial es un caso de estudio. No solo pasamos de trabajar de 60 horas por semana a tan solo 40, sino que muchos empleos cambiaron y quienes perdieron su trabajo armando artefactos lograron que sus hijos obtuvieran otros programándolos, dándoles mantenimiento y cientos de otras tareas, inclusive creativas.

Actualmente nos encontramos en la cuarta revolución industrial en donde los robots integrados en sistemas ciberfísicos nos conducirán a una gran transformación, se trata de una revolución tecnológica que cambiará completamente la forma en que vivimos. De seguro podemos esperar cambios tan radicales como los que vimos en el siglo anterior.
Con la automatización no nos quedaremos sin trabajo, sin embargo nos enfrentaremos a debates muy complicados enfocados en la transformación digital y a muchos dilemas éticos y profesionales para los que deberíamos estar preparados.