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Diego Delfino

Repaso Dominical: De mis maestras y de la serenidad de don Eduardo Ulibarri

27 de enero, 2019 11:45 am
Repaso Dominical: De mis maestras y de la serenidad de don Eduardo Ulibarri

La mayoría de mis referentes en periodismo nacional son mujeres fuertes. Quizá no debería sorprenderme, fui formado por mi madre y mi hermana, que son para mí ejemplo de fortaleza, resiliencia y sobre todo, decencia. Por alguna razón no han sido liderazgos masculinos los que más me han marcado. Mi primera jefa fue Maritza Blanco, en una oficina de abogados en La California. Abogada paciente, competente, dulce, valiente, firme. Guardo un cariñoso recuerdo de ella. De mi segunda jefa, lamentablemente no recuerdo el nombre. Trabajé a su cargo en la Defensoría de los Habitantes, en los consultorios jurídicos. Admiré profundamente la fortaleza que tenía para coordinar a un grupo privilegiado de estudiantes de derecho mientras tenía la responsabilidad de ayudar a tantas y tantas personas que llegaban en situaciones desesperantes, a buscar auxilio. Entiendo que hoy día el servicio ha mejorado, pero entonces... se trataba casi de hacer milagros. Ella intentaba hacerlos.

Ya entrando en materia (periodismo) mi primera jefa fue Karina Salguero. Su visión era disruptiva, incómoda y visionaria. Para empezar se animó a contratarme sin que tuviera yo un título en periodismo. A ella le gustaba cuestionar, incomodar, proponer. Estábamos dentro de Grupo Nación, formando parte de una estructura tradicional por excelencia, una organización que más parecía una municipalidad que una empresa privada. En un lugar donde las cosas se movían a ritmo de elefante ella encontraba cómo jinetearlo. Gracias a Karina pude visitar la redacción de la revista Semana en Colombia. Ese fue un momento medular, mi padrastro es colombiano y en mi infancia recibíamos la publicación en casa. Seguí toda la historia de Escobar desde la pluma de excelentes periodistas que fueron sembrando en mí el interés en el oficio. Entendí que en algunos países el precio de decir la verdad es más alto que en otros. En mi propia familia tengo otro ejemplo robusto: mi tío es periodista y fue preso político en Uruguay por tres años. No me tomo a la ligera todas las virtudes y ventajas de la democracia que tenemos. Por eso pongo alma vida y corazón en defenderla.

De Karina aprendí también a aceptar, entender, reconocer y trabajar mis errores y mis carencias. Me hizo entrar en contacto con la parte humana de los periodistas. Me ayudó a madurar. Todavía hoy sigo aprendiendo de lecciones que me dio hace más de 10 años y que en pleno 2019 me sigue dando. Tiene una visión integral del oficio, comprende perfectamente bien que toda historia tiene distintos matices, que hay que escuchar a tantas voces como sea posible y que hay que evolucionar con los tiempos sin caer en complacencias, sin comprometer la independencia. Fue además, del escritorio de Karina Salguero de donde me robé uno de los libros que más me ha marcado: Los cínicos no sirven para este oficio de Ryszard Kapuscinski. En esencia nos recuerda que para ser periodista primero hay que ser buena persona. No se puede servir al público desde el resentimiento, la desconfianza, la apatía. Yo era un muchacho resentido, desconfiado y apático. Aquella lección “hurtada” me cambió la forma de ver mi vida y mi trabajo.

Gratitud, reflexión y una estola de la Virgen de los Ángeles.

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Diego Delfino

Es hijo de doña Teresa y director de Delfino.cr.

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