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Miles de familias necesitadas siguen esperando el dinero que por ley les corresponde y que no llega por "atrasos" en los entes encargados de depositar los fondos necesarios para que puedan subsistir.

Pareciera que obviamos que estos costarricenses ya viven desesperados ante la falta de oportunidades dignas para trabajar  y que además pasan horas de horas haciendo filas para llegar a las ventanillas del IMAS en donde de paso les hacen todo tipo de zancadillas para evitarles o cansarles cuando lo cierto es que los usuarios con todo derecho se apersonan a sus instalaciones a recibir cualquier tipo de ayuda que pueda paliar con el alto costo de la vida de un país que tercermundista que paga a sus empleados públicos salarios de lujo, especialmente en el poder Ejecutivo y Judicial.

Muchas de las personas afectadas son estudiantes cuyos padres y madres a uñas y dientes logran llevarles a clases, a sabiendas de que a fin de año deben pagarse las "cuotas voluntarias" de matrícula y prepararse para comprar los uniformes-capricho de las diferentes instituciones en las cuales a los estudiantes se les rebajan hasta 20 puntos en la nota de conducta si les falta una etiqueta de 2 cm aprobada por la institución que indique el uniforme es el "oficial". A esto hay que agregar las listas de útiles-inútiles en muchos casos y demás requisitos sacados de la manga para dificultar las cosas... pues bien, todas estas familias deberán esperar solo Dios sabe cuánto tiempo más para recibir el dinero.

Cualquiera podría comprender que por la huelga muchos procesos se malograron y de ahí viene el atraso que hoy afecta a los más vulnerables. Sin embargo, todos los poderes del Estado se vieron afectados por la huelga y ya todos han subsanado los pagos de los empleados públicos.

Usted no verá jamás que por ejemplo, el poder Ejecutivo o Legislativo tenga atraso alguno en el pago de sus dietas, viáticos y demás privilegios. No, ellos son —al igual que el Poder Judicial— intocables. Demostrando aún más cómo a estas élites poco o nada les importa gobernar para los más débiles y vulnerables.

Basta recordar que para los funcionarios judiciales sus salarios son casi de hambre y si les rebajan un centavo, caerían en la pobreza extrema.

Debemos recordar que el cable siempre se rompe por la parte más delgada y esa parte en algún momento tendrá poder de decisión para escoger a sus gobernantes.

Esperemos que las nuevas generaciones no tengan memoria de teflón y puedan recordar quiénes permitieron que muchos infantes no tuvieran qué comer, estrenar o recibir para estos días.

Muchos de los culpables tratarán de redimirse ante el pueblo publicando en sus redes sociales todo tipo de justificaciones y mensajes sentimentaloides para hacer creer que están sufriendo con los que sufren, que comprenden su dolor y calmarán sus ennegrecidas conciencias con algunas frases o fotografías cursis que basadas en psicología barata logre convencer a más de uno que ellos sienten en el alma lo que ha sucedido.

En Costa Rica no hacen falta chalecos amarillos para crear una revolución que reivindique los derechos de los que menos tienen. Costa Rica necesita huevos y ovarios "amarillos" que a punta de una buena dosis de inteligencia emocional, logren convencer a la mayoría de que se puede luchar desde diferentes flancos promoviendo acciones que causen un impacto positivo en la sociedad y no como hasta ahora que los sindicatos permitieron que malos dirigentes empañaron el movimiento huelguístico de tal manera que una gran cantidad de ciudadanos aunque comprende que la huelga es razonable terminó rechazándola por los métodos de presión elegidos.

Las becas, ayudas y alimentación siguen esperando el sueño de los justos mientras los no-beneficiados no cesan de tener pesadillas.