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Grandes contribuyentes, democracia enana

Las informaciones recientes sobre el hecho de que grandes empresas nacionales declaren o hayan declarado por años consecutivos cero utilidades ha despertado un muy tardío debate sobre la justicia tributaria en el país y sobre a quiénes deberíamos como país imponer mayores impuestos y fiscalizar mejor.

El Foro Económico Mundial ya en el 2017 señalaba la necesidad de cambios en la política de los países al comprobar que la riqueza no se derrama, y que, por el contrario, se concentra en las capas altas de la sociedad. A nivel global 8 hombres poseen una riqueza similar a la de 3600 millones de personas. En Costa Rica, de acuerdo con el reporte de la riqueza elaborado en el 2013 por la revista especializada X-Wealth Report, un grupo de unos 85 costarricenses poseen en total fortunas por alrededor de unos 12.000 millones de dólares. El consenso global es que a algunos pocos les ha ido muy bien aprovechando su posición privilegiada y el poder que les da esa posición en la sociedad

En el caso particular costarricense y de la lista de grandes contribuyentes que reportaron cero ganancias publicada por Hacienda llama la atención un conjunto de empresas propiedad de un solo grupo familiar de larga tradición en el país: la familia Jiménez. De las empresas enlistadas por Hacienda 7 empresas son propiedad mayoritariamente de esta familia: Florida Ice and Farm (FIFCO); Cervecería de Costa Rica, Florida Inmobiliaria, Nación S.A., Grupo Nación, Reserva Conchal y Ecodesarrollo Papagayo.

En los últimos años este grupo familiar ha impulsado a su vez millonarias inversiones en el país (Parque Viva) y también en los EE.UU. La familia Jiménez es a su vez el principal grupo empresarial costarricense con el control de la mayor empresa de carácter nacional (FIFCO) y el más importante medio impreso (La Nación). También la familia Jiménez representa con mayor propiedad los cambios y transiciones que han experimentado las familias de abolengo en el país. Si bien hasta mediados de los años noventa las familias más acaudaladas en el país concentraban sus negocios en un pequeño número de sectores económicos, hoy son grupos altamente diversificados con una visión de inversión de menor plazo. Las inversiones de la familia Jiménez son de las pocas que han sobrevivido a vender sus empresas a capitales regionales y transnacionales. Así, por ejemplo, de las 25 mayores empresas que Carlos Sojo enlistó en 1995, solo 11 aún siguen en manos de capitales nacionales, dos de ellas en manos de la familia Jiménez (FIFCO y La Nación).

Asimismo, la familia Jiménez representa una de las mayores características de los grupos empresariales costarricenses: su vínculo con el Estado. A pesar de la retórica anti-estatal de muchos líderes empresariales en el país, el Estado costarricense ha sido históricamente su mayor soporte empresarial y económico a través de múltiples mecanismos como exenciones fiscales, protección y promoción de sus inversiones, créditos o concesiones. Tres ejemplos. En los años ochenta La Nación presionó fuertemente a través de sus notas y editoriales a la administración de Luis A. Monge, a quien llegó acusar de comunista, para aprobar la apertura del sistema bancario nacional a la banca privada. Así, una vez aprobada la apertura de la banca y con el apoyo económico de la AID estadounidense la familia Jiménez, en conjunto con otras familias de abolengo como Yankelewitz, fundaron uno de los principales bancos privados en el país: el Banco Banex. También en 1982 se creó la ley reguladora del desarrollo y ejecución del Polo Turístico Golfo de Papagayo a través de la cual se concesionaron 2000 hectáreas del Golfo de Papagayo. De esas 2000 hectáreas cedidas por parte del estado, un 42% fueron adjudicadas a Ecodesarollo Papagayo entre cuyos principales inversionistas estaba la FIFCO. Por último, con la liberalización comercial de los años noventa FIFCO se benefició de la reducción de aranceles a bienes intermedios necesarios para la producción de la cerveza como la malta, el lúpulo y los químicos para la fermentación. En buena medida entonces el crecimiento y ampliación de los negocios de la familia Jiménez ha estado mediada por acciones del Estado costarricense a través de un mercado crediticio favorable, espacios de inversión y reducción de aranceles a insumos clave.

Sin embargo, no es esta la primera vez en que la familia Jiménez cae en el ojo del huracán con respecto a la evasión o elusión de sus impuestos en el país. En 2014 se le obligó a La Nación S.A. pagar 2.277 millones de colones por lo que en el 2001 el Ministerio de Hacienda catalogó como evasión de impuestos por la venta de sus rotativas. También en 2017 como reveló La Voz de Guanacaste, la familia Jiménez utilizó empresas en paraísos fiscales (Bahamas, Islas Vírgenes y Gran Caimán) para refugiar los préstamos, ganancias y transacciones referentes a Ecodesarrollo Papagayo. De acuerdo con La Voz de Guanacaste por estas transacciones Ecodesarrollo tuvo que pagar por anomalías y multas 2.428 millones de colones.

En uno de los debates sobre la recién aprobada reforma fiscal, uno de los panelistas señalaba la imposibilidad de cobrar, supuestamente, más impuestos a las empresas grandes, pues estas, argumentaba el panelista, ya los pagaban. Sin embargo, casos como el de las rotativas, los Panamá Papers y la lista de Hacienda revelan los múltiples caminos y el desarrollo de complejos departamentos de ingeniería fiscal dentro de las grandes empresas para eludir o evadir impuestos. Es decir, para no cumplir con su deber social de regresar parte de lo mucho que el Estado y la sociedad a ciertos grupos y empresas les ha otorgado.

A nivel económico la elusión y la evasión en el largo plazo favorecen un estancamiento del crecimiento económico, como el que actualmente vive el país, al someter a los gobiernos a mayores endeudamientos (déficits). A nivel social, y seguramente el más importante, la evasión y la elusión impacta sobre la desigualdad. Por ejemplo, de ingresar a la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD), Costa Rica sería el segundo país con los peores índices de desigualdad, solamente antecedido por Sudáfrica. Y la desigualdad importa por un tema de crecimiento económico, equidad, y política como ha señalado el destacado economista Branko Milanovic.

En términos económicos la desigualdad impide que los más pobres puedan acceder a una mejor educación y servicios de salud lo que a su vez genera que accedan a puestos de trabajo de mala calidad lo que les impide generar más y mejores recursos económicos para ellos y para la sociedad. En términos de equidad, la desigualdad se convierte en un obstáculo de movilidad social, pues los hijos de la gente pobre acceden igualmente a malas condiciones de educación, lo que hace que su pobreza y precariedad sea reproducida por generaciones. Y en términos de política, la desigualdad importa, por que los ricos tienen un mayor poder para traducir sus intereses privados en política pública. Un claro ejemplo de ello fue como las fracciones legislativas, principalmente del PLN, desmantelaron el proyecto de la llamada “norma de subcapitalización” para frenar la elusión fiscal.

Así las cosas, y a sabiendas de lo limitado de la reforma recientemente aprobada en materia de reducción de la evasión y la elusión fiscal, justicia tributaria, y privilegios fiscales, hoy más que nunca es urgente de un pacto fiscal donde políticos, empresarios, sindicatos y universidades acuerden nuevas reglas para quiénes por décadas han aprovechado su posición y acceso a políticos para crecer su riqueza con poca transparencia y poca distribución. No necesariamente hablamos de empresas sin relación entre ellas, o simples “holdings”, sino de empresas que pertenecen a un reducido grupo de familias de abolengo y tradición en el país. La lista de Hacienda puede ser un excelente punto de inicio. A las puertas del bicentenario, Costa Rica no puede seguir dándose el lujo de construir una democracia para limitados intereses. Costa Rica ya no puede ser una democracia enana.

Francisco Robles Rivera Columnista

Doctorando del Instituto Otto Suhr de Ciencias Politicas.

Comentarios (2)

  1. Roberto Camacho Castillo

    Ese es un punto medular: hemos estado viviendo de mentiras. Y, por otro lado, estamos en una coyuntura preciosa para generar cambios sustantivos. ¡Fuera las máscaras!

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