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Todo lo que usted ve a su alrededor, desde los automóviles hasta los materiales de construcción, la producción alimentaria, la ropa, la energía, las telecomunicaciones y el transporte, y en suma todo el progreso tecnológico de la humanidad, depende de metales.

Estos metales deben ser extraídos de concentraciones minerales en el subsuelo por medio de minas. El proyecto original de Crucitas (iniciado en la década de 1990 y avalado por múltiples administraciones) iba a ser la primera mina industrial moderna de nuestro país.  Esta integraría un equipo interdisciplinario de profesionales, y podría responsabilizarse en caso accidentes de índole ambiental. Sin embargo, la combinación de “buenas intenciones”, ignorancia sobre el tema y un trasfondo claramente político, derribó esta oportunidad única de desarrollo.

En Costa Rica la oposición a la minería metálica suele enfocarse en dos argumentos:

  1. El uso del cianuro para la disolución del oro atenta contra los ecosistemas naturales.
  2. Que el recurso sale del país “sin dejar ningún beneficio”.

Con respecto al cianuro, las medidas de precaución en el manejo de este compuesto son esenciales debido a su toxicidad. No obstante, dentro del marco de la minería moderna responsable, el proceso actual es altamente regulado. Además, siendo realistas, ninguna mina querría verse envuelta en un escándalo ambiental que pudiera dañar la reputación internacional de la compañía, y desde un punto de vista económico no tiene sentido tener fugas de material con altísimas concentraciones del metal extraído.

En cuanto al beneficio que la minería puede representar para Costa Rica, la respuesta es múltiple e incluye aspectos económicos y de transferencia tecnológica implicada en las operaciones de una mina moderna. La minería, si se desarrolla de manera responsable y sostenible, brinda trabajo a profesionales, técnicos, contratistas y otros, de tal forma que sus beneficios se propagan diversos sectores como el transporte, las telecomunicaciones, la seguridad y otros servicios.

La minería informal, por su parte, utiliza mercurio, que contrario al cianuro, no se degrada con el tiempo: el mercurio es un metal pesado y tóxico, cuya concentración es imposible de controlar o remediar. El informe de la UNA, publicado casi tres meses después de su fecha de entrega original, demuestra claramente que la contaminación por mercurio llega a límites mucho más altos que los delimitados por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) para un ecosistema sano, y tiene su fuente en la minería ilegal actual. Este posiblemente es el mayor desastre ambiental en la historia de nuestro país, porque el mercurio ha invadido nuestros ríos y pasaran muchas generaciones antes de volver a los niveles deseados.

Daño ambiental en la Zona de Crucitas Fuete: Lic. en Geología Aristides Alfaro Daño ambiental en la Zona de Crucitas Fuete: Lic. en Geología Aristides Alfaro

Me pregunto: ¿por qué el señor ministro del Ambiente Carlos Manuel Rodríguez, teniendo estos datos tan graves a mano, los ocultó por tres meses? ¿Por qué ha faltado a la verdad en tantas ocasiones al pueblo costarricense?  ¿Será que hay otros intereses, tal vez ideológicos, nublando la claridad del señor ministro? En todo momento su posición ha sido decepcionantemente irresponsable; ha insistido en datos completamente erróneos, y el informe de la UNA así lo comprueba.

Con la minería informal ilegal en Crucitas no solo se daña permanentemente nuestro mayor tesoro, la biodiversidad, heredando un desastre para muchas generaciones de futuros costarricenses, sino que el 100% del recurso se va de nuestro país, dejando beneficios nulos. Si se abren de nuevo las puertas a una industria metálica moderna, 70% de la inversión se quedaría en Costa Rica y se evitaría que el desastre ambiental continúe. Por lo tanto, una mina moderna y responsable en Crucitas es un proyecto de importancia nacional como se declaró en la última administración Arias-Sánchez. Además, la minería ilegal es una calamidad nacional.

Los que se opusieron a este proyecto, independientemente de sus intenciones, han sido directa o indirectamente partícipes, y actualmente no tienen argumento que los valide. Espero que esta dolorosa lección nos ayude a comprender que el desarrollo sostenible no es simplemente oponerse a todo.

A pesar de buenas intenciones, la realidad es que, si existen metales, se van a explotar, ya sea por medio de un modelo de minería responsable y sostenible, o mediante una persistente invasión de nuestra soberanía. ¡Aun no es demasiado tarde! Es hora de tomar cartas en el asunto y volver a un modelo efectivo de desarrollo sostenible, donde la industria metálica regulada y profesional sea parte inseparable de una economía diversa y moderna.