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Opinión

Gladys Jiménez Arias

Igualdad para el desarrollo

26 de noviembre, 2018 10:38 am
Igualdad para el desarrollo
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La desigualdad, discriminación y violencia hacia las mujeres están presentes en muchos ámbitos, pero con gran impacto en el mercado laboral. El XXIV Informe del Estado de la Nación es contundente al señalar que si las mujeres que están fuera de la fuerza de trabajo obtuvieran empleo, la pobreza total se podría reducir casi a la mitad. El dato es relevante porque pone de manifiesto que si queremos avanzar al desarrollo se debe apostar por la igualdad e invertir en las mujeres.

Los altos niveles de desempleo y subempleo femenino, la exclusión social, la precarización de las relaciones laborales, los bajos salarios y la informalidad, la sub-utilización estructural de la fuerza de trabajo femenina, que se expresa en elevadas tasas de inactividad, la sobre-representación de las mujeres en diferentes formas de empleo precario y la sobre-calificación de la fuerza de trabajo femenina, en relación con las características de los puestos de empleo que ocupa; la distribución entre labores domésticas, de cuido, y roles a lo interno de los hogares, son algunas de estas inequidades.

Es por ello que no basta con el aumento de la participación femenina en el mercado de trabajo, ni su incursión en oficios tradicionalmente masculinos, no basta haber logrado niveles de educación iguales o superiores a los de los hombres. Se requiere mucho más que eso, existen brechas profundas que impiden a las mujeres el efectivo cumplimiento de su derecho al trabajo. La brecha de participación laboral es una de ellas, datos de la Encuesta Continua de Empleo señalan que la participación en el mercado laboral de las mujeres es de un 47,8% y los hombres de un 74,3%. El II Estado de los Derechos de las Mujeres del INAMU, nos añade que el 46% de mujeres que labora lo hace desde la informalidad, y su ingreso no supera el 60% del ingreso de los hombres si se dedican a trabajo independiente.

La brecha de género se hace más evidente con las denuncias que se presentan por despidos a mujeres embarazadas, la denegación de aseguramiento y de la hora de lactancia, atrasos en pago de licencias y el hostigamiento sexual y laboral a la que son sometidas, más del 90% de los casos que se denunciaron en el 2016 por hostigamiento sexual fueron interpuestos por mujeres, 121 de ellas menores de edad.

Un dato del INAMU que nos debe alarmar es la brecha en materia de aseguramiento, un 31% de mujeres asalariadas está sin seguro, lo que a todas luces tendrá efectos a futuro en su derecho a pensión y en su salud. Un 46,7% de ellas tienen seguro bajo la modalidad de beneficio por un familiar directo, a diferencia de los hombres con un 27,1%, y tan solo un 17,9% como asalariada, contra un 30,7% de los hombres.

Los países han favorecido el trabajo productivo sobre el reproductivo, este último también produce bienes y servicios pero no cuentan con el reconocimiento y valor social y económico. La brecha en la división sexual del trabajo se pone de manifiesto en la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) 2017 señala que las mujeres le dedican al trabajo doméstico no remunerado el 35,49 % del tiempo, los hombres el 13,42%. Al trabajo remunerado las mujeres el 15,51% y los hombres el 35,51%. La encuesta nos dice que las mujeres trabajan más que los hombres pero en trabajos no remunerados 69.53% mujeres, 62,56% hombres.

Puedo afirmar con gran pesar que en Costa Rica la pobreza tiene rostro de mujer. Hoy la pobreza afecta en mayor medida a las mujeres y sus hijos, así como tenemos un aumento de familias monoparentales, lideradas generalmente por mujeres como únicas proveedoras de los recursos para el hogar. Según la Encuesta Nacional de Hogares 2017 los hogares pobres con jefatura femenina representa el 45,25%. La pobreza total en hombres es de un 20,0,% y la de las mujeres 26,7%. El porcentaje de jóvenes entre 15 y 24 años que no trabaja ni estudia es del 20,7% siendo las mujeres las más afectadas con una diferencia de 11 puntos porcentuales.

Estamos obligados a replantearnos el camino. Seguiremos transitando por el sendero de las inequidades o por el contrario saldaremos —de una vez por todas— la deuda con las mujeres, que de paso generará réditos a nuestra economía hoy tan deteriorada y que nos tiene a punto del colapso. Si queremos alcanzar las metas de la agenda 2030 estamos llamados a invertir en las niñas, el informe mundial del UNPHA señala que si el país invierte en las 35 mil niñas de 10 años los ingresos individuales totales en dólares del 2015 al 2030 serán de 56.319 dólares, sin inversión, el ingreso individual será de 26.784 dólares, a saber una diferencia de 29.535 dólares.

Nada haría si me quedara en la mera denuncia, es por ello que aporto a la discusión algunas medidas que debemos implementar para enderezar la senda. Una de ellas es contar con una política de empleo que fomente la autonomía económica de las mujeres y les dé acceso a trabajo digno, decente, de calidad y en condiciones de igualdad, redefiniendo roles y eliminando estereotipos.

Fortalecer la reproducción de la fuerza laboral como una prioridad social y económica. Incorporar a las mujeres al trabajo formal y a labores calificadas que le permitan contar con todos sus derechos laborales entre ellos al aseguramiento y a la pensión. Ello sin demérito de reconocer y dar valor al trabajo reproductivo como al productivo, garantizando la equiparación salarial por mismo trabajo y por los que tienen igual valor. Debe reconocerse el valor social y económico del trabajo doméstico y de cuido, pero promoviendo responsabilidades compartidas y redistribuyendo los costos de la reproducción social, fomentando la corresponsabilidad del cuido, promoviendo licencias de paternidad y fortaleciendo las redes de cuido.

Eliminar prácticas discriminatorias que tienen que ver con el acceso a financiamiento para la producción, la inversión y el desarrollo, erradicar el acoso laboral y el hostigamiento sexual en el empleo, brindar mayor participación para lo que se requiere adoptar medidas afirmativas, especiales y temporales que promuevan igualdad de condiciones, entre ellas: la paridad horizontal y vertical y el sistema de cuotas para el acceso a puestos de poder y toma de decisiones.

En el marco del Día de la no Violencia hacia las mujeres y las niñas, un llamado a la reflexión y la acción, la violencia tiene muchos rostros y se manifiesta de muchas formas, perpetuar estas brechas tanto por acción como por omisión, es una de ellas.

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