No sé cuántos de ustedes se han subido en la tagada alguna vez. No solo puede que sea una de las peores decisiones en la vida, es también una de las peores experiencias.

Es como subirse a un toro mecánico pero mucho más peligroso, en serio ¿cómo es que ese juego mecánico existe? Una vez me subí, como de 14 años, salí moreteada hasta los dedos. Es una sensación de mareo, de dolor y de desesperación. Lo único que se viene a la mente es ¡bájenme de aquí!

En todo caso, si nunca se han subido a la tagada, pero han seguido de cerca la discusión nacional en torno a la reforma tributaria, hagan de cuenta que es algo muy parecido.

En medio de esta discusión por el fondo, es decir, la necesidad de una reforma, han quedado desnudas las formas de muchos, es decir, los intereses individuales. Y en medio de esta gran encrucijada nacional hay quienes dicen que echemos un vistazo al pasado para que no nos suceda lo que en los ochentas.

Entonces, esta semana se me ocurrió ir más allá de los ochentas...