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    octubre 10, 2018

    Edúcalos o padécelos

    Por Eleonora Badilla Saxe
    Edúcalos o padécelos
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    Marco Aurelio fue emperador del Imperio Romano dese el año 161 hasta su muerte en 180. Representante de la filosofía estoica, era conocido como El Sabio. Los estoicos consideraban cada persona como parte de una familia universal, lo que implicó desdibujar los límites sociales, raciales y regionales. Su gran obra, Meditaciones, es considerada aún como una oda al gobierno perfecto. Algunos autores la han describen como una obra escrita de manera exquisita y con infinita ternura.  Es en esta obra que Marco Aurelio dijo: “Los hombres han nacido los unos para los otros. Por tanto, edúcalos o padécelos.”

    A principios de este año 2018 reiteré una alerta que daba desde el 2011 (y desde mucho antes) sobre las consecuencias que tendríamos que enfrentar al no cuidar la educación de nuestras jóvenes generaciones. Por años, he estado preocupada con la incapacidad que ha tenido el país para que las personas aprendamos a leer y a escribir, más allá de la mera alfabetización. Ya lo había dicho el Programa del Estado de la Nación: Costa Rica es un país alfabetizado pero poco educado. Otros diagnósticos, informes, resultados de pruebas nacionales e internacionales lo confirman.

    Pero más aún, por mucho tiempo he estado entristecida por la indiferencia —de quienes tenemos acceso a una educación de calidad— hacia la educación de los y las hijas de los demás. En el artículo que menciono arriba, (No) Saber Leer, hice públicas las preguntas que me inquietan desde hace décadas: ¿Por qué no estamos enseñando a leer a los hijos de los otros? ¿Por qué nos preocupan solamente los nuestros? ¿Por qué estamos cultivando esta enorme inequidad? ¿Por qué estamos incubando la violencia?

    Con mucho dolor, en febrero pasado reflejé mi dolor al ver que la violencia que habíamos incubado, no solo ya se muestra en todo su esplendor, sino que se ha normalizado. Y debo repetir lo que dije en ese momento: la normalización de la violencia es un peligro ingente para la estabilidad y la paz social. Sobre todo, también debo recalcar que, una educación de calidad sería la vía para reducir las inequidades y contribuir a desmontar la normalización de la violencia.

    Pero quienes hemos tenido acceso a una educación de calidad, hemos seguido indiferentes ante la educación de los hijos y las hijas de las otras. Nos tiene sin cuidado si desarrollan o no comprensión de lectura; si pueden o no controlar sus emociones o aceptar soluciones pacíficas a los conflictos; si han podido analizar lo que significa la división de poderes en una democracia; o si tienen claridad sobre lo que es un debido proceso.

    Nos es indiferente si esas otras personas han podido cultivar su pensamiento crítico o si son presa fácil de las manipulaciones y las noticias falsas. No nos hemos comprometido activa, afectiva y efectivamente con la educación del país y en un momento de crisis, los resultados de la mala educación —lejanos normalmente— nos obligan a sentirlos de cerca. Y entonces, somos los y las indiferentes los primeros en enojarnos, hastiarnos y reclamar por el bloqueo al libre tránsito; la suspensión de los servicios y las agresiones verbales y físicas en las calles y en las redes sociales, sin asumir que esa violencia tiene, entre sus múltiples causas, nuestra indiferencia por la educación de los otros.

    Costa Rica es un país reconocido internacionalmente por su aprecio a la educación. En ese sentido, la preocupación por la educación de los hijos y las hijas de los otros, debería nacer como un auténtico compromiso con las personas y la sociedad. Y si no es así (lo cual sería muy lamentable), por lo menos, deberíamos preocuparnos por la educación de todos, para no tener que volver a enfrentar la sentencia de Marco Aurelio y que hemos visto cristalizar en las últimas semanas en el país: “Edúcalos o padécelos.”

    Eleonora Badilla Saxe

    Educadora por formación, vocación y tradición. Comprometida con la educación del país y con la generación de una conciencia planetaria. Feminista, madre y abuela.

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