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Escribió ayer un muy querido amigo y reconocido catedrático de la Universidad de Costa Rica un post en Facebook refutando la xenofobia y en el cual incluyó la siguiente oración: “No existe nada esencialmente tico en nuestra identidad, ni hay una sola identidad tica (si es acaso que eso existe)”.

De acuerdo que los costarricenses acusan una falta (ya patológicamente crónica) de identidad. Una crisis de ausencia de orgullo por nuestro carácter, porque lo desconocemos. O peor aún, porque no lo tenemos. Porque somos unos pendejos que le temen a la confrontación, y que prefieren (¡nos encanta!) serrucharles el piso a otros a sus espaldas.

Y claro, si el ‘héroe nacional’ es un tamborilero adolescente (¡Maldita sea! ¿En serio no pudimos ni siquiera inventar uno más icónico de liderazgo fuerte?) cuya historia está atada a una ‘guerrucha’ sin importancia regional alguna, ni mucho menos global... ¿Cómo pudiésemos jamás haber aspirado a desarrollar un carácter fuerte y digno de adoración y de ser heredado como legado a nuestros niños?

Y algunos me dirán que están orgullosos de la belleza de nuestras tierras y cómo la protegemos, de nuestro pacifismo, de la Sele (cuando gana, porque si empata o pierde todo futbolista es una “perra”, y todos somos mejores técnicos que el mártir de turno), de nuestros sistemas educativo y de salud.

Y yo les diré: está (casi) todo eso bien. Pero no compensa por la inhabilidad de capturar la esencia del orgullo por el patrimonio cultural histórico nacional que tanto, me parece a mí, nos caracteriza. Si no me cree, pregúntele al tico promedio que nombre a dos pintores costarricenses, a dos autores costarricenses, a dos compositores costarricenses, que cante dos canciones folclóricas costarricenses, que le cuente la historia de los indígenas costarricenses, etc. Y no, yo tampoco puedo lograr hacer casi ninguna de esas cosas. Porque soy tico. Y ese es un problema grave que no tengo la más mínima idea acerca de cómo comenzar a abordar.

Y entonces muchos jóvenes ticos por décadas han optado (como lo hice yo durante mi adolescencia y edad adulta temprana, debo admitir con pena) ante ese vacío de legado cultural por intentar imitar a la cultura gringa. Su ropa, su música, su cine, su comida chatarra, sus malls, etc. Y ahora, como en un segmento no insignificante de la población de Estados Unidos se puso de moda y por lo tanto Facebook nos la termina de alguna u otra manera imprimiendo en nuestro subconsciente sin necesidad de intención alguna: su activismo xenofóbico de armas tomar. ¿Cómo es posible Costa Rica?

¡Ya dejémonos de ser unos pendejos y patéticos aspirantes a copia pola, barata y cobarde de gringos! Y comencemos a desarrollar por fin una identidad propia y latinoamericana, digna de orgullo y que incluya, entre otras cosas, empatía y solidaridad hacia nuestros hermanos nicaragüenses y demás.

¡Diga no a la xenofobia! ¡Siempre! ¡En todo lugar! ¡A toda hora! ¡Sin importar el costo!

¡Viva Nicaragua y el pueblo nicaragüense!

¡Viva Costa Rica!!

Te juro amor eterno Costa Rica, y por eso participo de esta lucha.