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Hace 9 meses, en octubre del 2017, en un artículo titulado La red de cuido judicial, afirmé “que en el Poder Judicial se trasiegan favores para proteger a los beneficiarios de una red que facilita la conducción de nebulosos negocios por doquier. La red de cuido podría ser usada para proteger, también, a funcionarios del propio Poder Judicial”.

También pedí “dirigir los reflectores hacia el presidente de la Corte Plena, Carlos Chinchilla Sandí”, y fui incluso un paso más allá, al “exigir la renuncia inmediata de Chinchilla […] para evitar un daño mayor a la credibilidad del Poder Judicial”. En aquel momento, la Corte recién había suspendido al hoy ex Fiscal General, Jorge Chavarría, y al hoy exmagistrado Celso Gamboa, y nadie hablaba -al menos públicamente- del papel del hasta ayer presidente de la Corte en el caso conocido como el #Cementazo.

Mi temor era que la Corte Plena pretendiera utilizar a Chavarría y a Gamboa como la proverbial virgen que ninguna tribu lanzó nunca a un volcán para aplacarlo, excepto en la película de 1932, Ave del Paraíso, protagonizada por la mexicana Dolores del Río. Y ni siquiera la lanzaron; Luana, el personaje caracterizado por del Río, se tiró por su propia voluntad. Un poco como Carlos Chinchilla al anunciar hoy su súbita jubilación, solo que sin pensión de lujo.

La actuación de la Corte Plena en torno a este caso ha dejado más dudas que certezas. Hoy hace una semana, a la fiscala Berenice Smith la suspendieron dos meses sin goce de salario. Recordemos que fue ella quién recomendó a la Sala Tercera desestimar la causa seguida contra los entonces diputados Otto Guevara y Víctor Morales Zapata.

Por la misma causa, dos días después -miércoles 11 de julio- la Corte Plena decidió apenas sancionar con una carta de amonestación a los magistrados de la Sala Tercera que acogieron -en tiempo récord- la solicitud de desestimación planteada por Smith: Carlos Chinchilla, entonces presidente de la Sala Tercera y juez instructor de la causa, Jesús Ramírez -cuyo CV más parece un prontuario-, Doris Arias, que desde hace tiempo tiene la pensión aprobada esperando a encontrar la oportunidad de hacer las de Melquiades y huir por la derecha, la magistrada suplente María Elena Gómez Cortés, y el tristemente célebre exmagistrado de cementada reputación, don Celso Gamboa.

Esta fue la decisión que provocó la indignación de la ciudadanía

El magistrado instructor del caso, Román Solís, concluyó que los magistrados de la Sala Tercera habían cometido falta grave al cometer un error en la administración de la justicia. Lo lógico hubiera sido la suspensión de los cuatro magistrados -a Celso ya se lo volaron en causa aparte-, pero la Corte Plena decidió tan solo amonestarlos. Como cuando en el kínder le ponían a uno una carita triste para que la mama se diera cuenta que no había hecho bien el trabajo.

Lo cual no nos debe sorprender, porque la Corte Plena parece un kínder disfuncional, con pandillas, bullies, abusados, correveidiles y los que tratan de sobrevivir sin levantar la mirada… ni la voz. Muchachos con apodos como Chuky, el Padrino, la Macha y la Yoyo; ley del hielo como la que le aplicaron al magistrado suplente Rafael Segura, que no fue invitado a firmar la carta de los 10 magistrados a la presidente de la Asamblea Legislativa, pero que raudo y veloz corrió a mandarle a doña Carolina su propia carta apoyando la iniciativa de reformar la Constitución para eliminar el voto secreto en los procedimientos en que la Corte Plena sanciona a sus pares, etc.

Carta esa, la de los 10, que no fue otra cosa que la forma inelegante y poco valiente de esos altos jueces de decir “nosotros votamos por suspender a los magistrados de la Sala Tercera pero no lo vamos a decir abiertamente porque el voto es secreto”, igualito que como iban los mocosos acusetas del kínder a contarle a la niña lo que los demás güilas hacían en el recreo, sin atreverse a parárseles de frente para impedir la conducta considerada indeseable o incorrecta. Pero además, y para terminar de enredar la cosa, hoy la Corte Plena, en pleno, decidió apoyar la misma iniciativa, como para que nadie tenga claro cómo votó cada uno de los magistrados.

Ya puesto a conjeturar, tendría uno que ser muy ingenuo para pensar que la suspensión de Berenice Smith fue otra cosa que el intento preventivo de arrojar una virgen -no muy casta, aparentemente- al volcán de la opinión pública antes de lo que vendría dos días después: la cartita de amonestación a los magistrados. Y que las fechas de todo lo actuado, en plenas semifinales del Mundial de Futbol, estaban fríamente calculadas. En Costa Rica no hay escándalo que dure tres días, y si para el viernes no había bajado, los partidos del fin de semana lo harían olvidar.

Les falló el cálculo a los magistrados

Las cosas en Costa Rica han cambiado, y a veces los escándalos duran más de tres días. Olvidaron los magistrados la segunda parte de la expresión: no hay escándalo que dure tres días, NI CUERPO QUE LO RESISTA. ¿Será eso lo que le pasó al nuevo pensionado de lujo, con Carlos Chinchilla Sandí?

Es una lástima que cuando en mi artículo de octubre del año pasado dije que Chinchilla debía renunciar para evitarle una mayor pérdida de prestigio al Poder Judicial, don Carlos no haya escuchado el consejo: terminó yéndose por la puerta de atrás, como el primer Presidente de la Corte Plena en ser sancionado en la historia patria. Aunque la sanción no haya sido más que el equivalente de ponerle en su expediente de recursos humanos el No me gusta de Facebook .

Ojalá esté claro para el lector que cuando pedí en octubre la renuncia de Chinchilla, no estaba moliendo palabras. Si renunciaba perdía el derecho a su pensión. Tampoco es que yo sea iluso; sabía que nunca iba a renunciar a ese paracaídas dorado de sus prestaciones -estimadas en ₡130 millones- y la pensión de ₡9 millones que le va a llegar apenas mermada por las reformas adoptadas recientemente. Pero no puedo evitar la sensación de que nos quisieron ver la cara colectiva de idiota al acomodar la sanción para que, en caso necesario, los magistrados al menos pudieran salir bien forrados.

Aun así, es preferible afuera que adentro. El Poder Judicial necesita una reforma profunda, y no podemos permitir que quienes mancillaron su honra se la puedan acomodar a sus intereses. Por eso mismo, es necesario que don Carlos no se convierta en la doncella que aplacó al volcán; la labor de limpieza del Poder Judicial apenas comienza. El cambio de parecer de último minuto de la Corte Plena, que ahora decidió suspender 2 meses a los magistrados antes amonestados, tampoco nos debe satisfacer; es solo una treta para desviar nuestra atención.

#CRExigeQueRenuncien