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Soy funcionaria de carrera del Poder Judicial y fui electa hace 4 años y medio como magistrada, es decir he estado más en la llanura que en la altura durante mi carrera. Tuve el honor de trabajar con el presidente Luis Paulino Mora durante 15 años y como letrada de la Sala Constitucional prácticamente desde su existencia, cuando ni escritorios teníamos. En mis 31 años de servicio he visto buenos y malos tiempos en el Poder Judicial, pero ninguno tan peligroso para la estabilidad democrática del país como éste.

Como la mayoría de servidores y funcionarios judiciales llevo al Poder Judicial en el alma, creo profundamente en su gente a lo largo y ancho del país, y también en la Magistratura, lo que llaman la cúpula judicial. Ahí también hay personas decentes y valiosas.

Evidentemente esta crisis afecta el ánimo de todas las personas que creemos en la administración de justicia y en el rol que juega en la estabilidad democrática del país. En una reciente entrevista en el Semanario Universidad (basada en unas palabras dadas en una graduación del Colegio de Abogados y Abogadas), advertía que la crisis que enfrenta la justicia actualmente es más grave que la crisis fiscal para el futuro del país y los hechos recientes lamentablemente lo confirman. Es ya una crisis de envergadura nacional por sus consecuencias. Sirve para que fuerzas oscuras antidemocráticas aprovechen esta coyuntura de debilidad. Por eso nuestra obligación como ciudadanos es responder con lo mejor de nuestra tradición democrática, proponiendo mejoras y propuestas propositivas, es decir, de fortalecimiento de la administración de justicia.

La Corte ha respondido

Ante la avalancha de denuncias que se promovieron contra magistrados y funcionarios, se tramitaron y se resolvieron, algunas en la Inspección Judicial y otras en la Corte. Ningún otro Poder de la República ha tomado tan en serio sus responsabilidades frente a este escándalo llamado “El Cementazo”. Aplicamos la Constitución y la ley a nuestro leal saber y entender con las circunstancias del caso concreto. Aclaro que los procesos administrativos llevados a cabo no tenían por objeto establecer si existen o no delitos, sino si existió culpa administrativa (negligencia en el actuar), razón por la cual de ninguna manera, lo resuelto se refiere a la existencia o no de hechos de corrupción o capaces de generar responsabilidad penal, tema que es competencia exclusiva de las autoridades penales.

En forma muy resumida, lo que se juzgó recientemente (ante una denuncia interpuesta) fue la omisión de detectar un error contenido en la solicitud de desestimación de una causa penal remitida por la Fiscalía General de entonces, es decir, se trató de la reproducción de un error (concretamente una frase) relacionada con un listado de llamadas del Organismo de Investigación Judicial en un auto de desestimación dictado por la Sala Tercera.

Las decisiones que ha tomado la Corte Plena como órgano administrativo disciplinario tienen –a su vez– control jurisdiccional, es decir las revisan jueces independientes y eso es una garantía para todas las partes, de tal forma que la ciudadanía y los mismos sancionados, pueden estar seguros que hay jueces de carrera que revisaran lo resuelto, derecho que le asiste a cualquier persona frente a un acto administrativo sancionador del Estado. Es decir, el control jurisdiccional, permite revisar lo actuado en dos sedes como mínimo (la administrativa y la penal). Si se cometió un error, se corregirá en sede administrativa. También está el proceso ante la Fiscalía por los mismos hechos. Así funciona el Estado de Derecho.

Las reformas van avanzando

En el tema de las reformas, se han propuesto varios proyectos y grupos de trabajo que demuestran la voluntad mayoritaria de la Corte de fortalecer la justicia. Ya el proyecto de carrera fiscal está en la Asamblea Legislativa. Es el primero de muchos productos que vendrán. Algunos alegan que se ha actuado por presión de redes y medios de comunicación, pero la verdad nadie puede negar que la Corte se ha unido a trabajar y que los resultados se están dando.

Hay que darle oportunidad a esas discusiones y enriquecerlas con otras voces serias, académicas que se han unido, para que finalmente sea la Asamblea Legislativa la que determine el mejor camino. Así funciona la democracia. Yo confío que las diputadas y diputados estarán por encima de los clamores momentáneos e intereses particulares y buscarán dejar su huella en la historia como una generación que lejos de desmantelar lo que se construyó en el siglo 20, vino a fortalecer y adaptar el sistema de justicia a las necesidades de una democracia madura y moderna como la nuestra.

Lo que viene

Ahora viene un proceso de elección de presidente de la Corte que es vital para la reconstrucción y fortalecimiento de la justicia y es una coyuntura propicia para construir con la ayuda de todos y todas el sistema de justicia que necesita Costa Rica. Hay que darle espacio a ese proceso, a medidas propositivas que nos ayuden como país. Todos las que actualmente estamos en la magistratura somos transitorios, pero como costarricenses amantes de la democracia y el estado de derecho necesitamos también la garantía de un Poder Judicial sólido. Destruir es muy fácil, parece ser ahora el deporte nacional, lo difícil es construir. Atacar en redes sin fundamento, sin rostro, bajo el anonimato, va a terminar destruyendo nuestra democracia. Todos de una un otra forma hemos sufrido esos ataques cobardes, según los intereses que estén en juego en un momento determinado en un caso concreto. La verdad hacer juegos maniqueos (magistrados/as buenos y malos) es un mal presagio para el futuro. Es mejor enfocarse en lo que hay que corregir.

Es cierto que algunas de las críticas más férreas no han sido anónimas, sino de personas que incluso respeto mucho. Me gustaría hacerles un llamado a que se unieran con todas sus fuerzas y capacidades a trabajar por las reformas, porque sé que los mueve su profundo amor por la administración de justicia.

Yo ya estoy en el final de mi carrera y no tengo ningún apego particular al puesto de tal forma que estoy dispuesta a hacerme a un lado si eso sirve para que esta crisis se supere, pero como ciudadana quiero seguir disfrutando de la paz y seguridad que nos da el estado de derecho a todas y todos. Sin un Poder Judicial sólido e independiente sencillamente no hay democracia. Espero que la ciudadanía le de oportunidad al proceso de mejora que se ha emprendido y que con los futuros magistrados/as podamos salir fortalecidos de esta coyuntura. Es tiempo de edificar.