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Donald Trump ha firmado una orden ejecutiva luego de la presión por parte de miles de personas, prometiendo mantener a las familias unidas en las detenciones migratorias. Me tranquiliza este hecho, pero me preocupa que haya sido aceptado por muchos.

Me preocupa de sobremanera el auge de los grupos de supremacía blanca en Estados Unidos, con ideas retrogradas y racistas, que consideran a los migrantes y demás gente cuya tez no es blanca cómo seres inferiores algo similar a la raza aria propuesta por los nazis, incluyendo agredir y matar. Aun teniendo libertad de expresión, el odio no es un mensaje que deba propagarse. Yo creo que cada país puede tener sus políticas migratorias, pero jamás se puede denigrar a las personas que emigran… Ya que la necesidad es la razón de esto. La desigualdad en nuestros países ha creado situaciones críticas, donde no hay trabajo, el trabajo es mal pagado o solo es accesible para gente con cierto nivel de estudios. No hay lugar para el odio.

Lamentablemente esto no es algo ajeno a nosotros. He oído en el transporte público gente decir: “Que ganas de golpear a los nicas, sólo vienen a quitarnos el trabajo”, no es difícil oír chistes despectivos, deshumanizando a nuestros hermanos… Arraigando el mito de la Costa Rica blanca.

Se nos ha inculcado que somos una patria diferente que se diferencia del resto de Centroamérica, siendo el país más tranquilo y ordenado, sin poder compararnos con los vecinos del norte, con sus maras, ejércitos y gobiernos corruptos...

Desde la ciencia esto no es cierto. En la revista Genetics and Molecular Biology, Francisco Salzano y Mónica Sans reseñan, en su artículo "Mezcla genética interétnica y la evolución de las poblaciones latinoamericanas", una medición que le asigna a los nicaragüenses una herencia 69% europea, 11% amerindio y 20% africana.

En contraste, los costarricenses investigados por el científico brasileño y su colega uruguaya oscilan entre el 67 y 58% de europeo, 29 y 38% de amerindio y 4% de africano. Si algo sí somos, es mestizos.

Ahora… ¿cuál es la solución para este problema nacional? Educación, esa es la respuesta. Si se han inculcado estos estereotipos, se puede inculcar lo verdadero, que nuestro país es cómo es por la variedad de gente que hay, cómo los extranjeros traen cultura, música, conocimientos, cómo nuestras diferencias nos unen y nos hacen competentes en muchas áreas. Desde la casa podemos comenzar, también en las escuelas y colegios, redes sociales, marchas, todo lo que sea necesario para unirnos cómo país, y nunca hacer lo que hicieron en Estados Unidos con la gente que decida emigrar a nuestro país por sus necesidades.

Yo quiero ver que nos sintamos orgullosos, pero no por el color de la piel, sino por todos los que vivimos aquí, sin ningún tipo de discriminación, siendo el país que podemos ser.