Este artículo representa el criterio de quien lo firma. Los artículos de opinión publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de este medio. Delfino.CR es un medio independiente, abierto a la opinión de sus lectores. Si desea publicar en Teclado Abierto, consulte nuestra guía para averiguar cómo hacerlo.

El 14 de junio pasado la Cámara de Diputados en Argentina votó a favor de la legalización del aborto durante las primeras 14 semanas de embarazo. Es la séptima vez que se presenta un proyecto así, pero nunca había llegado al recinto.

Tras más de 20 horas de debate parlamentario y vigilia popular, se conocieron los resultados y una multitud estalló en llanto en las afueras del Congreso. Lloraban por ellas mismas, por las que estaban a su lado, por las que están por venir y por las que ya no están.

La historia quizá se imprime en los libros, pero se escribe en las calles, en los espacios de decisión política y en los medios de comunicación. “Las pibas” nos dieron una clase maestra de cohesión social y fue así como el país del Papa Francisco le abrió la puerta al aborto legal, seguro y gratuito que nos dejó varias lecciones para aprender.

Una batalla de ideas con honor y compasión

Uno de los principales retos en cualquier lucha social es combatir el sentido común. El reto no sólo está en qué se debate, sino en cómo se hace.

La fractura social e ideológica en la discusión sobre el aborto es evidente en Argentina, por lo que era clave explicar qué es lo que realmente se votaba. No era una “ley del fomento del aborto”, sino un proyecto de equidad y justicia reproductiva para tratar un problema de derechos humanos y salud pública. El aborto inseguro es la principal causa de mortalidad materna en más de la mitad del país y el colectivo logró condensar el alcance, la estrategia y la audiencia meta de su consigna en un simple slogan: “Educación sexual para decidir. Anticonceptivos para no abortar. Aborto legal para no morir”. Ahí está la clave: para no morir.

También hubo un enorme grupo de indecisos que vivieron una feroz campaña de persuasión en los últimos meses (¿déjà vu, alguien?). Sin embargo, mientras que un grupo apeló principalmente al morbo, fake-news y falacias, otro prefirió ampliar la comprensión del tema en el campo médico, social, cultural y legal.

Como revelaba TKM, las noticias más virales anti aborto eran mentira, y los grupos “provida” basaron su argumentación en prácticas como:

  • Imágenes o videos modificados
  • Recortes, citas, datos o ideas fuera de contexto
  • Conexión de datos no relacionados
  • Falsa interpretación de leyes

Es más, un análisis de Fundación Huésped demostró que en los últimos meses durante las sesiones del Congreso, mientras que el 92% de los argumentos de quienes apoyan el #AbortoLegalYa son verdaderos y 8% difíciles de chequear, el 52% de los hechos mencionados por los #ProVida son falsos, 7% dudosos y 26% inchequeables.

Esto fue decisivo para acercar al tema a quienes no se habían involucrado aún. Si la patria es el otro, entonces como escribió Torcuato Di Tella, el problema político aún es diseñar un sistema capaz de asegurar la coexistencia estable. Y en ese sentido, la campaña por la legalización del aborto entendió que su rol no era pelear con el “provida” en la acera del frente, sino ofrecer las herramientas emocionales y cognitivas para que quienes aún no habían tomado posición, pudiesen hacerlo de manera responsable.

Sinergia entre discurso, tiempo y espacio

Una causa no será masiva si la empatía por el problema no es ubicua. Y esto fue clave en la campaña. Un tabú por definición impide la conversación de un tema. Es tabú. No se habla, no se estudia, no se documenta, no se pregunta —tampoco es casualidad que en Costa Rica falten datos actualizados sobre abortos clandestinos—. Por eso, allá debían despenalizar el aborto científica, social y políticamente antes de pasar al plano legal.

El debate llegó a espacios insólitos, desde el show de Mirtha Legrand hasta las paradas de bus, peluquerías y móviles a la salida de los teatros. Para lograrlo, había que “robarse” las ideas de la biblioteca y llevarlas a la gente, y más aún, crear contenido útil y accesible para que fuera relevante.

Se requiere un periodismo dispuesto a construir puentes mediante los más rigurosos estándares de ética y calidad; un periodismo que privilegia el debate constructivo y la cara humana detrás del dato, y que al reportar sobre poblaciones o situaciones poco o mal representadas, esté dispuesto a darle la espalda a un titular o tweet con tal de proteger la dignidad de la fuente. Resalto casos como el de Anfibia, Cosecha Roja, Rolling Stone , TKM y Economía Feminista.

No hay cohesión sin inclusión. Esta campaña lanza un desafío para repensar los movimientos sociales en red, con una estructura nodal y ‘glocal’ sumamente orgánica. Argentina no es ajena a la protesta social, pero sí hay una gran brecha entre la intensidad de las manifestaciones y su capacidad de capitalizar efectivamente las consignas para hacer transformaciones estructurales.

Con objetivos claros, alcanzables y medibles, el movimiento esta vez logró articular feministas de los 70s con adolescentes, capital con provincia, feminismo francés y latinoamericano, izquierda socialista con derecha liberal, etc.

Y fue en esa coalición que lograron desarrollar una voz colectiva tan fuerte que no se podía ignorar, y activaron hasta el Poder Ejecutivo de un gobierno alérgico a la protesta social como lo es el PRO de Mauricio Macri.

Apreciación cultural vs. Apropiación cultural

Así como Black Lives Matter lo deben nutrir principalmente las poblaciones afrodescendientes, somos nosotras quienes debemos potenciar la lucha feminista.

En Argentina hubo una militancia intergeneracional y pluripartidaria, pero ante todo, liderada por las mujeres, el principal colectivo afectado. El grupo social oprimido gestionó la lucha y los otros grupos se informaron, solidarizaron y acompañaron, pero el foco nunca se corrió de su centro: quienes tienen capacidad de gestar. El empoderamiento sólo puede ser efectivo si el beneficiario final es el grupo oprimido.

Por eso, a los hombres leyendo esto, les pido: infórmense sobre el feminismo, apoyen desde su lugar, alcen la voz por quienes no se animan, pero no nos quiten el valioso y sanador ejercicio histórico de fraguar una conquista social.