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Cultura es uno de los temas más libremente interpretados y desgastados en las administraciones públicas. Víctima tal vez de su naturaleza plural y flexible resulta una de las carteras más relegadas, de las primeras en sufrir recortes presupuestarios y de las últimas en ser cubiertas adecuadamente por la prensa. En muchas formas pareciera ser un ministerio abstracto cuyo único logro tangible ha sido la creación —muerte y resurrección— del FIA.

En medio de problemáticas urgentes - como el plan fiscal o la movilidad urbana - exigiendo del gobierno respuestas firmes y prontas, el nuevo mandatario definió una clara continuidad en políticas culturales. Excepcionalmente Sylvie Durán es la única jerarca del anterior gobierno con su nombramiento extendido por el actual, recibiendo un gesto de confianza por parte del presidente en la gestión ministerial.

Si bien no hay evidencia de una mala gestión, tampoco abundan —pública y de acceso fácil— muestras de lo contrario. Esa falta de claridad en la comunicación viene pasando factura con el descontento general de los diferentes sectores culturales del país y nunca fue más claro el envolvente hermetismo del Ministerio que con el caso del SINART: la destitución de Mario Alfaro, el despido de Pablo Cárdenas y Enrique Sánchez, el posible tráfico de influencias sumado al descontento de trabajadores y una efímera huelga.

Lo que en otro ministerio hubiera desatado un seguimiento implacable por la prensa —especialmente la contraria al PAC— y una cosecha de cabezas, en cultura parece no pasar de un incidente menor. El gobierno trasladó el asunto —o parte de— a la fiscalía, la Comisión de Ingreso y Gasto Público llamó a comparecer a algunos involucrados (Mauricio Herrera, Sergio Alfaro y Juan Carlos Mendoza) y la huelga duró horas.

Sin embargo la principal jerarca del Ministerio y rectora oficial del SINART, aún no se ha referido claramente sobre este y otros temas —si bien a contestado diferentes cuestionamientos a través de monótonas cartas administrativas generalizadas —evitando referirse a su aparente participación , que según declaraciones incluye boicotear una investigación sobre el despido con responsabilidad patronal de Enrique Sánchez, presión para ceder los derechos de una serie a Canal 7 sobre los prioritarios del SINART y recomendar la destitución de Alfaro como represalia por su actuar con el asunto de Cardenas.

La rendición de cuentas es un mecanismo de doble propósito. Le permite al jerarca demostrar cuantificablemente sus logros y al ciudadano entender los procesos internos de las instituciones, así como los proyectos y programas que puedan ser de su interés. Si un aspecto parece caracterizar al nuevo gobierno es la relación directa con los ciudadanos, con don Carlos y diferentes ministros utilizando redes sociales y herramientas flexibles para comunicar progresos, proyectos y decisiones. Bien haría la ministra de Cultura en emular al mandatario que tanta confianza parece depositar en ella y acercarse honesta y humildemente a los sectores culturales del país que solamente solicitan algo tan sencillo como una comunicación clara y menos cortinas de humo.