Uno a Uno

Sebastian May Grosser

Cuando el Estado salva una vida: Entrevista con Eduardo Urbina

03 de mayo, 2018 2:36 am
Cuando el Estado salva una vida: Entrevista con Eduardo Urbina

Eduardo Urbina es un joven activista de 22 años, miembro y dirigente del Partido Libertad y Refundación de Honduras (Partido Libre) y hasta hace poco estudiante de la carrera de Historia en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

Eduardo fue noticia días atrás cuando trascendió que solicitaba la condición de refugiado a Costa Rica, tras ser detenido y puesto bajo arresto ante la solicitud de captura internacional emitida a su nombre por el Gobierno de Honduras. A Urbina se le acusaba en el hermano país de haber incendiado un vehículo del ejercito hondureño el 15 de diciembre pasado. Sin embargo, en esa fecha, ya se encontraba en tierras ticas.

Gracias al apoyo de diversas organizaciones como el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL por sus siglas en inglés), la Comisión de Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Honduras (COFADEH), la Asociacón Costarricense de Derechos Humanos (ACODEHU), Hivos Latinoamérica, el Centro de Derechos Sociales del Migrante (CENDEROS) así como a la Defensa Pública y “a otras muchas personas que se involucraron a lo largo del proceso” el muchacho fue acogido por Costa Rica como refugiado el jueves 19 de abril del año en curso.

Ya en libertad y con la tranquilidad y gratitud que siente por nuevo estatus en Costa Rica conversé con él para conocer y compartir su historia.

***

¿Cómo entrás al movimiento estudiantil en Honduras?

—Entro al movimiento estudiantil en 2013, el año que yo ingresé a la Universidad, en el marco del encuentro nacional de estudiantes universitarios de Honduras. Lo que buscaba este encuentro era dinamizar todo el proceso político estudiantil desde las asociaciones de carrera, porque nosotros no tenemos Federación desde el 2006.

Pues yo entro a este espacio, asisto y resulta que yo conocía a muchos y muchas de las personas que estaban ahí, porque ya venía del movimiento social, desde los 14 años. Encaje muy bien y empecé ya a tener tareas. Por ejemplo, redactar un documento que le entregábamos a los compañeros en las aulas en el cual les enfatizábamos el porqué de la necesidad de restaurar la federación. Les hablábamos también sobre nuestros derechos como estudiantes y temas afines, más que todo intentando puntualizar el papel que tendríamos que jugar como estudiantes. Queríamos incentivar siempre la organización estudiantil. Ese ha sido siempre el fin del movimiento estudiantil universitario.

Eduardo me comenta que nunca había tenido problemas con la policía o con la justicia. Sin embargo, desde que inició su participación en el movimiento estudiantil y la política hondureña empezó a experimentar algunas situaciones que atentaron contra su seguridad. El primer incidente se dio en 2014, cuando se le denuncio en redes sociales como responsable de actos contra la UNAH. En agosto del 2015 vivió un intento de secuestro (“nunca se supo quienes estuvieron detrás”) y el Primero de Mayo del 2017, al salir de un edificio sindical, un policía disparó cuatro veces contra él. Lo arrestaron entonces bajo el cargo de “escándalo en la vía pública”. El evento terminó en la judicialización del policía que atentó contra su vida.

El 26 de noviembre del 2017 se celebraron las elecciones generales en Honduras ¿cómo las viviste vos?

—Yo había participado en las elecciones internas como candidato a regidor, fui uno de los candidatos más jóvenes que iba en las planillas por que sí, en Honduras sigue existiendo un adultocentrismo muy fuerte y un caudillismo bastante fuerte, que es parte de lo que tenemos que enfrentar ahora.

Mi tarea [en las elecciones generales] fue desplazarme de Tegucigalpa al interior del país, a cubrir una mesa que era una mesa clave. Con esa mesa se ganaba o se perdía el departamento, así, porque los fraudes habían sido monstruosos. Yo me capacito como escrutador y se lleva a cabo el proceso electoral. Todo tranquilo en el lugar donde yo estaba, salimos a las 4 de la mañana de ahí en vehículo. Llego a la ciudad más cercana, recibo una llamada y me dicen ‘ganamos las elecciones’. Y nosotros hasta paramos el carro. Una alegría enorme porque era el paso para la culminación de un sueño colectivo.

Me regreso a Tegucigalpa dos días después y estallan las protestas porque el tribunal empieza a dar resultados alterados del escrutinio. Mandamos nosotros solicitud de cerca de cuatro mil mesas receptoras a escrutinio especial. Un escrutinio especial que fue bastante viciado, en el que vos mirás que las papeletas que estaban con votos venían saliendo prácticamente de imprenta, porque estaban prácticamente planas, sin doblar… y todos los votos a favor de la persona que detenta el poder en Honduras.

¿Qué te motivo a decir “me tengo que ir”?

—Después de las elecciones comienza la represión, comienzan a detener estudiantes, a perseguir estudiantes y población general, comienzan a asesinar gente, a hacer saqueos en diferentes centros comerciales, quemas de tiendas, de Burger King, McDonalds, todas las franquicias las quemaron. Quemas de casetas del TRANS 504, que fue un acto de corrupción bastante grande que se hizo allá, que era un metro bus que iba a atravesar Tegucigalpa, se dio la plata, se hizo la estructura, pero el bus nunca llegó, Y después dijeron que no, que no habían usado el dinero, que era mentira se lo habían robado, que iban a hacer una ciclovía de cuatro carriles. En un país como Honduras, donde si vos andas una buena bicicleta, te matan por ella…

El primero de diciembre, si mal no recuerdo, ponen el toque de queda, y la suspensión de garantías constitucionales. Es decir, a vos la policía te podía disparar, solo por el hecho de que vos estuvieras en la calle después de las 6 de la tarde. De 6 de la tarde a 6 de la mañana, nadie podía estar en la calle, solamente periodistas legalmente acreditados, personas que estaban en el Tribunal Supremo Electoral… tenías que estar en una lista para que no te detuvieran ni pasara nada, Cruz Roja, policías y bomberos, y el ejercito obviamente.

Hubo un momento que todavía cuatro meses después me trae mucho dolor recordar. Yo estaba en una zona bastante exclusiva de Tegucigalpa, en la casa de uno de los asesores de nuestro candidato. Tiene un balcón bastante grande, y se ve buena parte de Tegucigalpa. Y vos escuchabas los gritos, escuchabas los disparos, las ráfagas de armas, mirabas fuego por un lado, fuego por otro lado, sirenas de la Cruz Roja, sirenas de policías, o sea era un ambiente tan cargado de tantas cosas…

Pero, en medio de todo esto que era tan desalentador, vos escuchabas que sonaban unas cacerolas. Porque, para evitar la confrontación con la policía, la línea del partido fue ‘bueno, si no podemos salir, si está muy difícil salir y muy peligroso, desde nuestras casas con cacerolas, con cucharas hagamos bulla, demostremos nuestra inconformidad con eso’. Entonces a la 9, a las 11 de la noche, durante los días del toque de queda, Tegucigalpa retumbaba, todo barrio y colonia, las señoras, los hijos, niños, todos con sus cacerolas y la música a todo volumen.

Entonces vos escuchabas, más allá de ese sonido desalentador, este sonido de las cacerolas, que para mí fue como ‘bueno, estamos en esto, hay problemas graves, nuestra vida corre riesgo, pero seguimos aquí’.

Más allá del riesgo que representaba para toda la población el toque de queda, en esos días se hizo evidente para Eduardo que su integridad estaba en riesgo si permanecía en Honduras. Después de que hicieran públicos en redes sociales todos sus datos y que le acusaran de ser el responsable de actos vandálicos, empezó a recibir mensajes de amenazas que le decían que iba a aparecer “como un perro” y que “ni el expresidente Zelaya iba a poder salvarlo”. Acude entonces a COFADEH, quienes son los que le ayudan a dejar el país.

“Berta Oliva, que es la directora [del COFADEH] me dice: ‘bueno, la cosa esta así, nosotros hemos analizado el riesgo que corre tu vida, y es un riesgo real, ya vimos que están asesinando personas’. [A esa fecha] ya teníamos como 20 compañeros caídos. Y en ese momento me meten a un hotel, donde yo estuve sin salir, hasta el 10 de diciembre, cuando me dicen: ‘ya tenemos un lugar donde vas a ir, no buscamos el desarraigo, vas a estar allá mientras se calma la situación, vemos cómo se mueve, cómo sigue la persecución acá y regresás’”.

Eduardo deja Honduras el 10 de diciembre, con la intención de volver a su país cuando la situación mejore, sin embargo, sus planes cambian a partir del 15 de diciembre. Ese día, se dio la quema de un camión militar, y el gobierno hondureño, basándose en fotos del supuesto culpable acusa a Eduardo como responsable de quemar un camión militar. Posteriormente colocan una orden de captura internacional, todo esto mientras Eduardo ya se encontraba en Costa Rica.

En marzo, antes de cumplir los 90 días en el país, Eduardo debía salir temporalmente del territorio nacional para renovar su condición de turista. Es en esa salida a Nicaragua cuando es detenido por las autoridades nicaragüenses, quienes lo retienen por 3 días y lo entregan a oficiales de migración costarricense, iniciando así su proceso de solicitud de refugio. Después de tener que estar detenido en diferentes centros del país, y comprobar la falsedad de las acusaciones que le hacía el Gobierno hondureño, la Comisión de Visas Especiales y Refugio, le otorga la condición de refugiado el jueves 19 de abril.

Tu situación se resuelve formalmente el jueves en la noche, pero te toca pasar ese fin de semana todavía encerrado ¿Cómo fue eso para vos?

Eduardo el día de su liberación.

—Mirá el viernes que yo hago la llamada del teléfono público a mi abogado, y me dice que me dieron el refugio, vos no te imaginás la alegría, los sentimientos encontrados, yo no podía creer que iba a salir. Y me dice ‘resulta que se envió tu caso al Ministerio Público’. Nosotros al inicio no entendíamos por qué, luego comprendimos que era una forma de que el juez se protegiera a sí mismo, para evitar que hubiese habido algún malentendido, o que se hubiesen falsificado pruebas o algo. Que obviamente no pasó, por eso es que la Procuraduría General, el día martes que yo ya estaba en libertad, dijo que sí, que todo estaba en regla y que se anulara el proceso de extradición.

Yo estuve del jueves, que me dieron el refugio, al día lunes, todavía guardando prisión, esperando el momento de mi liberación. No te imaginás, fueron días que yo no pude dormir de la ansiedad, de las ganas de estar fuera, de las ganas de abrazar a la gente que me acompañó en este proceso y obviamente de agradecerle al Estado Costarricense por la decisión que tomaron, porque yo no soy ningún delincuente, yo no soy una persona violenta.

Yo simplemente he luchado por la justicia de mi país, o sea el país más pobre de América Latina, con dos de las 10 ciudades más peligrosas del mundo [San Pedro Sula y Distrito Central], donde el simple hecho de que vos saqués un teléfono en un bus en Honduras, te puede costar la vida, el simple hecho de que vos digás que estas en contra de lo que está haciendo el Gobierno, de las barbaridades que está haciendo el gobierno, eso te puede costar la vida…

¿Qué sigue para vos?

—Bueno, yo no logré terminar mis estudios [universitarios], así que en los próximos meses vamos a estar comenzando el proceso de buscar una carrera, de buscar una universidad, de comenzar a estudiar acá para demostrarle al Estado Costarricense que la suya fue una buena decisión, y que desde la academia —que es lo mío— se puede aportar mucho al desarrollo de una sociedad tan joven como la tica. Yo creo que desde las ciencias sociales, desde la academia, se puede hacer mucho para mejorar las condiciones en las que vive Costa Rica. También pretendo trabajar, obviamente, y seguir la vida adelante no, y agradecer por esa segunda oportunidad que se me dio.

La condición de refugiado le permite a Eduardo gozar de todos los derechos en Costa Rica, excepto los de participación política. Sin embargo, la orden de captura internacional sigue vigente, por lo que no puede salir de Costa Rica. Levantar esta orden va a ser un proceso complejo, ya que como él me dice “estamos terminando de averiguar muchas cosas, porque no es como que un abogado hace todos los días una solicitud para la suspensión de una orden de captura por Interpol. Por mientras estoy seguro aquí en Costa Rica, y contento de poder convivir con los costarricenses e involucrarme en la vida cotidiana de este país, que me parece muy bonita, muy cálida, la gente es muy amable”.

En Costa Rica venimos saliendo de un proceso electoral que por momentos sentí demasiado caótico y que además creó que desnudó muchos de los problemas de división social que vive el país… Con estas ideas en la cabeza quise preguntarle a Eduardo, desde su mirada externa, cómo vio y qué le pareció el proceso electoral acá.

“Mirá, el simple hecho de que dijeran que hubo solo dos problemas durante la primera ronda fue como ‘wow, algo esta pasando aquí’, y que el Tribunal al día siguiente ya está dando prácticamente el conteo final… que la gente no reaccionara de forma violenta ante un resultado. Que las cosas se llevaran con total calma, con total paz, a mi eso me parece increíble. Me llena de esperanza pensar que en Honduras puede llegar a vivir un momento en que las cosas sean así. A mí eso sí me pareció muy curioso.

Poniendo a la par el Tribunal Supremo de Elecciones y el Tribunal Electoral Hondureño, el nuestro no vale nada, no tiene credibilidad en nada. Y el costarricense pues… hasta el momento toda la institucionalidad del Estado tico, es muy respetada, hay mucha credibilidad de la ciudadanía ante estos entes estatales. Porque el Estado, a pesar de los problemas y los retos que tenemos los países latinoamericanos, sí está resolviendo muchas cosas o al menos está tratando de resolverlas, que eso es lo importante”.

Su respuesta me recuerda que, más allá de lo agotadora que fue la campaña pasada, los fake news y el odio de las redes sociales, no podemos dejar de agradecer la garantía electoral que representa el TSE para nosotros y la estabilidad que le da al país la confianza del pueblo en el TSE.

¿Qué mensaje final te gustaría enviar a quienes hoy conocen tu historia?

—Quisiera que sepan que si bien yo estoy fuera, todavía quedan 22 personas detenidas en las cárceles hondureñas. Muchos han sido torturados, les han dado golpes en sus costillas para quebrárselas. Les rasuran la cabeza para que parezcan pandilleros. Algunos se han tenido que poner en huelga de hambre en solidaridad con los demás detenidos, porque en algunas cárceles hay epidemias de tuberculosis, o enfermedades que se dan por el hacinamiento y la falta de higiene.

Los medios de comunicación cubren lo que pasa en Nicaragua, lo que pasa en Venezuela, lo que pasa en Cuba… pero aquí, a un país de distancia, está Honduras, que también está pasando por un momento difícil. Un momento que CNN no está cubriendo. Ayer en el Día Internacional del Trabajador y la Trabajadora fueron detenidos siete estudiantes, se reprimieron cerca de seis movilizaciones en todo el país. Por el simple hecho de manifestarse en contra de las medidas que está tomando el Gobierno. Tenemos la canasta básica más cara de América Latina, más cara inclusive que Costa Rica, en comparación a los salarios. Todo lo que está pasando en nuestro país, tiene repercusiones muy importantes, muy fuertes para nuestra sociedad, y el malestar se está reflejando, y quizá no se refleje con manifestaciones en la calle, pero vos ves redes sociales y no vas a encontrar un medio de comunicación en el que no acusen al Gobierno de tenernos sumidos en una crisis más que notable.

También quisiera agradecer nuevamente al Estado costarricense, al Gobierno costarricense, a Migración, a la Comisión de Visas Especiales y Refugio, por la decisión que tomaron. Tengan claro que le salvaron la vida a una persona inocente, que ahora pude retomar su vida y ser una persona de bien en Costa Rica.

***

Después de la entrevista, Eduardo y yo seguimos hablando en off sobre su experiencia y planes futuros, pero esa última frase me acompaña el resto del día. La historia de Eduardo es una, pero en Costa Rica viven cerca de 5000 personas que como Eduardo han recibido refugio, y las solicitudes pendientes según el último corte rondaban los 3000 casos. Detrás de cada una de esas personas hay historias similares de persecución y violencia. Son personas que a veces suelen ser recibidas con rechazo por algunos sectores de la sociedad costarricense, que ven en los refugiados una amenaza, en lugar de ver la vida amenazada que está detrás de cada historia, de cara rostro, de cada vivencia. Se equivocan quienes creen que los refugiados no tienen nada que ofrecer al país en lugar de reconocer el deseo que tienen, al igual que Eduardo, de aportarle y agradecerle a un Estado que, en muchas ocasiones, les salvó la vida.

Sebastian May Grosser

Egresado de Psicología de la Universidad de Costa Rica. Estudiante de Ciencias Políticas. Aficionado a Excel.

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