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Hasta hace pocos días mantuve una esperanza de que el Premio Nobel de la Paz Óscar Arias S. se pronunciara ante las amenazas y mensajes contrarios a la libertad, la igualdad de derechos, y el respeto por parte de un candidato a la presidencia de Costa Rica. Pero, conforme se acerca el momento de la elección parece más obvio el porqué de su silencio. Un silencio que resuena como un grito y toma fuerza de costa a costa en las voces de hombres y mujeres jóvenes, que se levantan asumiendo su responsabilidad, una de ellas su propia hija Silvia Arias Penón.

Gracias a Silvia por unir su voz en forma abierta y clara a este grito, “en las luchas por la igualdad, por más justicia social y por preservar nuestra paz”. Estas voces representan la esperanza y los valores que han distinguido a Costa Rica ante el mundo. Para que no se olviden ni sean tragadas en su silencio, quiero recordar unas palabras de Oscar Arias dirigidas a estudiantes universitarios de la Universidad del Rosario, Colombia en 2015:

“…Hoy que tengo el honor de visitar un campus universitario quiero decirles que la indiferencia es el peor pecado de un ciudadano. Si algo significa vivir en democracia, es asumir una responsabilidad. La responsabilidad por el destino colectivo, que se forja con la política y desde la política. (…) Fueron también los jóvenes quienes más me apoyaron durante los largos meses de negociación del Plan de Paz. Fueron los universitarios costarricenses, centroamericanos y de todo el mundo, los que me dieron fuerzas para seguir luchando. Por su participación política, ellos cambiaron la historia”.

Y estas otras publicadas en foro de La Nación bajo el título “Una advertencia para toda la región”:

“Todos somos centinelas de las victorias que con tanto esfuerzo hemos alcanzado en nuestro camino hacia sistemas de gobierno más justos, más humanos y más capaces de liberar el potencial que encierra la vida. Las democracias no pueden defenderse en retrospectiva. Es en el momento mismo de la amenaza en donde hay que alzar la voz y denunciar, no importa cuán populares o impopulares sean los líderes en el poder. Luego, puede ser demasiado tarde”.

A estas alturas prefiero que el Nobel de la Paz de Costa Rica mantenga su silencio. Así podrá resonar más fuerte el grito de los y las jóvenes de Costa Rica una vez más, del campo a la ciudad, de costa a costa y también en las urnas de votación.