El 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer, pero no es un día para celebrar. Es un día de conmemoración para todas las personas que han luchado y continúan luchando por los derechos de las mujeres y por un mundo más equitativo.

Es un día en el cual miramos el pasado para tomar perspectiva de lo logrado y a la vez tomamos consciencia en el presente de todo lo que falta para lograr un mejor futuro.

Violeta Madrigal, imagen del INAMU

Hoy recuerdo que mis abuelas nacieron en una época donde las mujeres no podían votar. Hace ya algunos años, mi abuela Violeta Madrigal Mora (1920-1996) desafío el status quo del género decidiendo estudiar derecho y trabajar en el Poder Judicial. El presidente de la Corte de Justicia en aquel momento ordenó su despido con el argumento de que en la historia del Poder Judicial nunca había trabajado una mujer y esa "sana costumbre" no se podía perder; que ella trabajara ahí era un mal ejemplo para las mujeres.

Recordar esto me hace no dar por sentado los derechos que hoy disfruto. Hace un año el INAMU realizó la excelente labor de documentar las luchas de algunas de las mujeres que nos heredaron las oportunidades que vivimos hoy. Entre estas me llena de orgullo contarles que estaba mi abuela, quien luego de su divorcio fundó su bufete con un cuarto a la par de su oficina para supervisar y educar a sus 5 hijos e hijas. Desde su bufete atendía a mujeres víctimas de violencia, la mayoría veces sin paga, convirtiéndose en experta de lo que hoy se conoce como derecho de familia. Por su tenacidad fue la primera mujer en Costa Rica en ocupar un puesto en la Junta Directiva de un banco así como en otros puestos públicos, abriéndonos un espacio nuevo a las mujeres. Por su activismo y lucha por la igualdad fue nombrada Presidenta del Comité de Cooperación de Costa Rica a la Comisión Interamericana de Mujeres y representante del país ante la Comisión de la Condición Jurídica y Social de las Mujeres en ONU.

En 1974, en una entrevista realizada por el periódico La Nación, Violeta Madrigal afirma “Si el 50% de electorado es femenino, los puestos deben ser dados a la mujer en un 50%, y por supuesto no en el 50% de los puestos más bajos sino de todos los puestos. No es una utopía la que yo pretendo, es un acto de justicia al que se llegará más tarde o más temprano”.

44 años más tarde, en el 2018, solo hemos tenido una 1 mujer en la Presidencia de la República de Costa Rica. En las elecciones del 2014 el no hubo mujeres candidatas a la presidencia  y en el 2018 solo una de todas las candidaturas era de una mujer.

Tomado del INAMU

Gracias a nuestras abuelas la generación de mi madre y la mía nacimos en una época donde nuestro derecho a votar y a trabajar en una institución del Estado ya no era considerado “un mal ejemplo para las mujeres”. Sin embargo, la violencia contra las mujeres continúa. Una de cada tres mujeres en el país es víctima de violencia doméstica. En el 2017 se registraron 26 femicidios, en el 2018 ya han sido asesinadas cuatro mujeres por sus parejas y cuatro más se encuentran en investigación.

Si bien hemos avanzado en la incorporación de las mujeres en los espacios labores remunerados, las labores domésticas y de cuido siguen recayendo en las mujeres de manera inequitativa y sin ser reconocidas como trabajo. La Encuesta del Uso de Tiempo en el Gran Área Metropolitana  señala que las mujeres invierten 37 horas por semana en labores domésticas y de cuido (casi una jornada laboral) mientras que los hombres invierten 15 horas. Un estudio realizado por la OIT y Gallup en el 2017 señalan que tres de cada cuatro mujeres en Costa Rica (76%) preferirían trabajar de forma remunerada en lugar de dedicarse exclusivamente a las actividades familiares pero que solo un 39% lo consigue.

Adicional a la doble jornada, a las mujeres se les paga un 15.4% menos que a un hombre por realizar un mismo trabajo en nuestro país (Estado de la Nación, 2016) y donde las mujeres ocupamos solo 1 de cada 3 puestos gerenciales en Costa Rica de acuerdo al informe de la OCDE en el 2016.

El Banco Mundial señala que la igualdad de género es economía inteligente ya que las mujeres tienden a reinvertir un 90% de sus ingresos en la educación, familia, salud y comunidad. Mckinsey Global Institute señala que si lográramos la paridad económica creceríamos $12 trillones a nivel global, aumentado un 34% de crecimiento económico en Latinoamérica. Sin embargo, el Foro Económico Mundial indica que al ritmo que avanzamos faltan 217 años para alcanzar la igualdad económica.

Más allá de los beneficios económicos que obtendríamos con la igualdad y que son de vital importancia ante la situación económica del país, debemos reconocer que mujeres y hombres continuamos siendo prisioneros de los roles de género de nuestra cultura.

Los conceptos y estereotipos de feminidad y masculinidad que enseña nuestra sociedad no fomentan la corresponsabilidad, limitan nuestro potencial, promueven las relaciones de poder y la violencia. Y esto nos está matando. Por eso este 8 de marzo no me felicite por ser mujer, todavía falta mucho por lograr. Mejor comprométase a luchar conmigo.

 

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