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La apatía hacia la política no es cuestión del pasado, está más presente ahora que nunca. La política se percibe como una actividad sucia limitada a unos pocos, encima, los menos honestos... desde los grandes poderes de la República allá en la Gran Área Metropolitana (GAM), hasta las pequeñas asociaciones de desarrollo en los barrios, ¿cómo no va a ser así? Llevamos años viendo las mismas prácticas, la impunidad para quienes conforman ciertos grupos con poder y una corrupción que ya no abarca solo a esos representantes del tradicionalismo político, pues muchos nuevos actores han terminado cediendo, acrecentando ese sentimiento de asco.

Teníamos que enfrentarnos a una situación catalogada de emergencia y amenaza para poder ver el problema y pensar en una forma diferente de hacer política, teníamos que vernos amenazados para considerar actuar. Se han levantado grupos con ganas de cambiar las cosas y no es la primera vez que pasa, pero ¿si apuntamos en la misma dirección que la política tradicional cuál es el cambio?

Ahí encontramos el mal que nos corroe, intentar hacer algo diferente siguiendo el mismo camino. Ya lo describía Leonardo Garro en Votar es un acto de fe: desde muchas agrupaciones siguen viendo por encima del hombro... Se sigue promoviendo ese ideal de superioridad intelectual y “los ticos de a pie” -los verdaderos ticos de pie, los olvidados-  les descartan al ver que no son su representación, son más de lo mismo.

Nos cuesta entender que, aunque el conservadurismo -ahora representado por Restauración Nacional- no deja de ser tradicional tiene una forma muy diferente de hacer su campaña política. Nos han dejado botados, se han puesto la careta de representantes del pueblo y han llegado de manera directa sin gastar sumas vulgares de dinero, usando todas las vías que el tradicionalismo moderno les ha dado convirtiéndoles en un fenómeno político con mucha fuerza.

Se han convertido en el antídoto a la “ideología de género” y muchos partidos han seguido su corriente dándole la razón a ese discurso - al final su oportunismo les dio una bofetada-. Y ese es solo un claro ejemplo de lo que nos ha dejado el pensar que podemos hacer las cosas diferentes con las mismas prácticas.

Desde las agrupaciones más maduras deben cambiar el accionar interno y ver lo que hacen como un factor que si no es bien trabajado tarde o temprano construirá el camino para que oportunistas y mentirosos les ganen la batalla. No se puede cambiar la situación política actual con más de lo mismo.

Las personas están cansadas y si no ven una verdadera alternativa se irán por la opción que más lo parezca –aunque lo hagan en base a uno o dos temas que puedan acaparar la atención en masa- convirtiendo nuestra demoracia en un círculo vicioso; saliendo de un mal para caer en otro.

Quienes se propongan un cambio y actúen para llevarlo a cabo deberán de buscar una nueva estrategia para enfrentar el lastre aquí mencionado y demostrar con acciones  -no con política de panfleto- que de verdad proponen la alternativa que el pueblo sigue esperando.