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La elección del domingo debería ser fácil, clara, la opción responsable debería ser muy evidente; pero nos hemos enajenado tanto de los principios básicos que garantizan que hoy seamos una República democrática estable y reconocida; que no lo es. Todo parece apuntar a que la elección será muy reñida.

Esta elección no es entre izquierdas o derechas, ni entre ciertos modelos económicos de desarrollo o ciertas políticas monetarias. Esa es la discusión usual cuando ambos actores juegan dentro de las reglas de la democracia, entonces allí nos podemos enfocar en quién ofrece la mejor política cambiaria, atención del déficit fiscal o generación de empleos. Pero muchos no están viendo que en esta elección lo que se confrontan son elementos más elementales y esenciales: los cimientos de nuestra democracia.

La democracia es la que permite que efectivamente podemos tener instituciones, división de poderes, confianza en las leyes, justicia, un banco central que actúa, poderes capaces de generar políticas, etc. Si las elecciones presidenciales fueran la construcción de una casa, normalmente debatiríamos cuál será su distribución arquitectónica, sabiendo que tenemos cimientos sólidos para construirla. No es así en esta elección, esto es sobre si dejamos lo cimientos o los eliminamos por completo, dejándonos del todo sin casa. ¿Qué implica desmoronar la democracia? La otra opción es la tiranía. Son los gobiernos de tintes totalitarios, donde muchas garantías, derechos y libertades desaparecen. Nadie está seguro.

Hoy tenemos dos candidatos totalmente opuestos. Por un lado, Carlos Alvarado, quien juega dentro de las reglas y se ha tomado en serio la tarea para presentarse como candidato presidencial, mediante un plan de gobierno amplio, sólido y transparente (que lleva casi 6 meses bajo el escrutinio público) y un equipo de gente seria, que se ha unido bajo un esquema de trabajo con líneas igualmente transparentes.

Por el otro, Fabricio Alvarado, quien no ha tenido reparo en violentar la mayor parte de los principios que le dan solidez a la democracia. Ha basado su campaña en atacar poblaciones, reforzar estereotipos, desafiar el derecho internacional y arriesgar nuestra reputación como país estable y respetuoso. Ha ridiculizado nuestra Constitución Política usando y abusando de la religión para fines políticos y manipulando la fe de las personas.

Carlos ha demostrado una capacidad de liderazgo, unificación y autocrítica sobre los errores cometidos como hace mucho no veíamos, colocándose a la cabeza de toda una gran coalición con figuras de diferentes banderas. Esa gran concertación bajo la idea de defender la democracia ante la amenaza fundamentalista es un desafío que me despierta mucho respeto y admiración.

Fabricio hace alarde de no tener errores como los que le pesan a este gobierno. Pero en política (al igual que en cualquier campo de la vida) es bien sabido que solo los que hacen cosas pueden cometer errores, y quienes no han cometido errores es porque nunca han logrado nada. Apareció como un candidato casi accidental que presentó una propuesta tan deficiente que tuvo que publicar un segundo plan de gobierno a apenas cuatro días de las elecciones, ¡siendo que llevamos 176 días de campaña! Luego de que habían transcurrido todos los debates y toda posibilidad de todo escrutinio. Debería considerarse un insulto a la democracia y a los electores.

La lista de 62 motivos para no votar por Fabricio Alvarado, que publiqué la semana anterior, se alargó sustancialmente en solo estos días:

¿Qué tanto más haría siendo presidente? El PAC ha cometido sus errores, pero también tiene sus logros importantes. No querer darle el voto al Carlos Alvarado por estos errores, y por ello dárselo a Fabricio, es como escoger beber un vaso de cianuro antes que uno de Coca-Cola porque la Coca-Cola es poco saludable.

A todo esto nos referimos cuando decimos que Restauración Nacional es la mayor amenaza que nuestra democracia ha enfrentado en décadas: a su irrespeto por libertades y garantías básicas, como la libertad de prensa, la libertad de expresión, la autonomía universitaria, el órgano electoral, nuestra constitución, la libertad de culto, la libre asociación, el trato igualitario ante la ley, la división de poderes, etc.

No elijamos enterrar nuestra democracia este domingo. No es por el PAC, es por Costa Rica.