Este artículo representa el criterio de quien lo firma. Los artículos de opinión publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de este medio. Delfino.CR es un medio independiente, abierto a la opinión de sus lectores. Si desea publicar en Teclado Abierto, consulte nuestra guía para averiguar cómo hacerlo.

Hace pocas semanas soñé con SpaceX, con la humanidad colonizando Marte, y con Elon Musk. Apenas me desperté, el primer pensamiento racional que tuve es que no debe ser sencillo para Musk cargar con los sueños de la humanidad de colonizar Marte.

Desde hace semanas vengo obsesionado con los avances de la empresa aeroespacial SpaceX, y con la figura de Musk como empresario, pero, sobre todo como visionario. Tanto así, que hace pocas semanas me compré y leí su biografía “semiautorizada” titulada Elon Musk, por Ashee Vance. Dicha biografía me resultó sumamente interesante. Es una mezcla entre Crónicas Marcianas de Bradbury, las excéntricas biografías de visionarios déspotas como Bill Gates o Steve Jobs y un anecdotario de Sillicon Valley. Musk, creador de SpaceX, Tesla y Solar City, ha revolucionado y le ha dado vuelta a la industria espacial, automotriz, y energética. Tanto así que teme que los rusos lo maten.

La NASA, que hace años se veía como una organización innovadora y visionaria, ha dejado de serlo y se ha burocratizado, dejando en la empresa privada de Musk la mayor parte de su innovación y de su visión de futuro. Para hacer una comparación odiosa con nuestro país, la NASA se ha convertido en el MOPT, y SpaceX en la concesión de obra pública, solo que con una innovación y empuje increíble. Los tiempos de exploración espacial por parte del Gobierno de los Estados Unidos y del glorioso discurso de 1962 de John Kennedy “We choose to go to the Moon” (Nosotros escogimos ir a la Luna) son tiempos que no volverán. Los brats (“niños malcriados”) de Musk ven a los ejecutivos y científicos de la NASA como gatos gordos sin ideas nuevas, y se enorgullecen de que su jefe, Musk, no solo sea el que devuelva el impulso a la humanidad de conquistar el espacio, sino que está dispuesto a perderlo todo por ese objetivo.

Hay dos temas que me resultan de especial interés de su biografía. Primero, como Musk no se deja condicionar ni por la geografía, ni por su profesión, ni por el establishment. Musk es sudafricano, pero eso lo le impidió primero viajar a Canadá, capitalizando en su ascendencia canadiense, para estudiar en dicho país, y posteriormente migrar a los Estados Unidos, lugar donde él creía que iba a encontrar mejor ambiente empresarial, para poner en marcha sus empresas. Es físico y economista, pero eso no lo condicionó para hacerse experto en cohetes espaciales, automóviles eléctricos, energía solar y en realidad, en lo que él quiera. Como empresario, no se dejó condicionar por los convencionalismos, sino que arrancó sus invenciones e innovaciones desde cero, rompiendo toda barrera mental, logística, de suministro, de fabricación y empresarial. Hace pocas semanas, SpaceX logró que sus cohetes aterrizaran de vuelta en la tierra de manera vertical (como al iniciar un despegue) con una precisión milimétrica, lo que implica que ya los cohetes no se destruyen, abaratando costos y simplificando su próximo despegue.

El segundo aspecto es como Musk concibe la industria aeroespacial. Musk plantea la construcción de cohetes espaciales “de bajo costo” gracias a los nuevos materiales y nuevas tecnologías, lanzamientos también “a bajo costo” (20 millones de dólares o menos, en vez los 450 millones de dólares que ha sido el promedio del costo de cada lanzamiento en NASA) y con una frecuencia sostenida. En este sentido, un ejecutivo de SpaceX indicaba: “Uno de los objetivos de SpaceX era volar tan a menudo como fuera posible. La empresa nunca había aspirado a ganar una fortuna en cada vuelo, pero ganar un poco en cada uno, y que el flujo de despegues no se detuviera”.

Vance indica: “Musk no quiere simplemente reducir el coste de enviar satélites y llevar suministros a la estación espacial. Quiere reducir el coste de los lanzamientos hasta el punto de que resulte económico y práctico enviar miles y miles de vuelos de suministros a Marte, y poner en marcha una colonia”. Por su parte, el mismo Musk señala “Lo importante es alcanzar un umbral económico en el coste por persona de un viaje a Marte… creo es bastante probable que exista una colonia marciana auto sostenible… habrá bastante gente interesada que venderá sus posesiones en la tierra y emigrará. No se trata de turismo. Es como la gente llegaba a América en la época del Nuevo Mundo. Uno emigra, consigue un trabajo ahí y hace que las cosas funcionen”

Dicha biografía también describe los horarios extenuantes y las exigencias de Musk con relación a él mismo y a sus trabajadores, y su peculiar dinámica familiar, como el hecho de que se ha casado y divorciado tres veces, dos de éstas con la misma mujer, la actriz británica Talulah Riley. Musk le pregunta a uno de sus amigos en serio: “Quisiera invertir más tiempo en citas. Necesito encontrar una novia. Por eso tengo que invertir un poco más de tiempo. Creo tal vez otras cinco o diez… ¿Cuánto tiempo requiere una mujer a la semana? ¿Tal vez diez horas? ¿Eso es como el mínimo? Yo no sé…”. Supongo no debe ser fácil revolucionar la industria aeroespacial, automovilística y energética, tratar de establecer una colonia en marte, y a su vez, tratar de encontrar una novia.

Musk indica que “quiere morir en Marte, pero no al impacto”. Si eso lo logra, la humanidad lo seguirá.