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Si usted no está de acuerdo con el - seamos francos - intento de plan de gobierno de Fabricio Alvarado o la repetitiva propuesta de los 150,000 empleos de Antonio Álvarez Desanti, pero tampoco con el socialcristianismo “renovado” de Rodolfo Piza, o el socialcristianismo “originario” del Dr. Hernández, ni quiere un gobierno PAC nunca más, o le asusta el remedo de ejército que pretende implantar Juan Diego Castro, no deje que alguien más decida por usted.

El domingo 4 de febrero no es un domingo cualquiera, como usted que está leyendo estas líneas podrá saber. Estamos en la recta final de una campaña electoral que para muchos aún no pinta de ningún color político. Esto, según la última encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP), la cual muestra que el porcentaje de indecisos creció en un 9.5%, desde la última encuesta publicada el 23 de enero, pasando de un 27% a un 36% en cuestión de una semana.

Este escenario termina dejando en miras de una segunda ronda al candidato evangélico Fabricio Alvarado y al socialdemócrata AAD; quienes además, en razón del margen de error de 2.8 puntos porcentuales, están en un empate técnico en el primer lugar por un 17% y 15%, respectivamente. Además, según el estudio publicado este 31 de enero, de los 6 de cada 10 votantes decididos, varios cambiaron de favorito en las últimas semanas.

Ahora, que lo diga el mismo CIEP: “La disputa por el primer lugar no es únicamente entre dos candidatos sino entre cinco, debido a que los porcentajes son muy cercanos entre sí, lo cual retrata un escenario de campaña electoral inédito en Costa Rica.” Esto, nos deja aún más confundidos, ¿cierto? Ya que los números hablan, a simple vista entendemos que el porcentaje de indecisos es mayor que el apoyo que recibe cualquiera de los 13 candidatos a la presidencia. Lo anterior significa que el día de las elecciones nacionales la mayoría decidirá por quién votar horas antes de llegar a las urnas. Como dicen popularmente algunos en la calle “yo no creo en las encuestas” y bueno, cada quién es libre de rezarle a lo que quiera, o a nada.

Si nos vamos a la campaña anterior, la encuesta de la empresa CID Gallup publicada el 29 de enero del 2014 mostraba a un ahora alcalde Johnny Araya con la mayoría de los votos, en un 36% superando al ahora candidato a diputado Jose María Villalta por 15 puntos porcentuales. Sorpresa, ninguno de ellos es Presidente de la República. Es más, Luis Guillermo Solís estaba al fondo del balde con 16% del apoyo de los electores.

La buena noticia en medio de todos esos datos abrumadores que acabo de lanzar, es que los costarricenses confiamos ciegamente en el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE). Para no brincar de una encuesta a otra, regresemos a la última encuesta del CIEP. Esta dice que el 69% de los consultados confía en el resultado de las elecciones como la verdadera voluntad popular, y el 61% confía en la transparencia del proceso.

Entonces, veamos el lado del cielo despejado. Si usted confía en el TSE, si usted tiene ganas de alegrarse por su país, vaya a votar. Luego de tanto escándalo político en el último año con solo mencionar unos cuantos sacos de cemento por ahí, y la resolución aún no acatada por Costa Rica sobre el matrimonio igualitario, pensemos en nuestro pequeño pedacito de tierra. Piense en lo bonito que se siente, si ha tenido la oportunidad, de escuchar a alguien decir “mae” en otro país, acordémonos de lo tuanis que se siente alardear sobre albergar un alto porcentaje de la biodiversidad del mundo, de llevar más de un año produciendo energía únicamente renovable, de ser el “país sin ejército”, el país en donde sea que vayamos perdidos alguien nos va a ayudar a llegar, desde el palo de mangos de la esquina.

Desde cosas pequeñas, sueños que tengamos, los hijos que queramos tengan educación, las calles que queremos recorrer sin presas, los impuestos que no queremos, pero, irónicamente queremos ver reflejados en proyectos exitosos. Pensemos en que gracias a la lucha histórica de nuestros antepasados tenemos la virtud de votar en un país de paz. Recordemos que nos llaman la Suiza centroamericana no solo por nuestra belleza, sino por nuestro ejemplo en la política. ¡Somos el país con la democracia más estable de toda América Latina! Alegrémonos de que no somos Venezuela, donde solo quedan restos de lo que una vez fue una potencia económica y ya nadie quiere votar porque llevan en manos de una dictadura disfrazada de democracia desde hace más de 12 años.

No podemos permitir que el abstencionismo llegue, de nuevo, a una cifra histórica. En las elecciones anteriores un 31,81% del padrón electoral no fue a votar en primera ronda y en la segunda ronda el abstensionismo subio a 43,5%. Esto significa que 4 de cada 10 votantes no ejerció el sufragio. ¡Casi la mitad! Esto es inaceptable. Desde 1953 no se veía tal ausencia en las urnas. Lo más irónico es que después, son quienes no fueron a votar quienes más se quejan de la situación del país. No le podemos hacer esto a nuestra Costa Rica.

Si mis palabras no fueron suficientes, le cito después de este párrafo un pequeño extracto de un libro que me inspiró particularmente, escrito por don Jorge Rossi Chavarría, ex Vice - Presidente de don Jose María Figueres Ferrer y ex candidato a la Presidencia de la República en 1958. Era uno de esos políticos verdaderos, intachable e íntegro hasta el último de sus días, de esos que ahora cuesta encontrar. Destaquemos lo anterior porque fue dicho por Alberto Cañas en el prólogo de este texto “La ´traición´ de los leales”:

“La historia costarricense a partir del momento en que se logró la independencia es tan interesante que quienes procuran conocerla a fondo van adquiriendo un cariño muy especial por la patria, y se motivan para servirla con empeño y con la ilusión de contribuir en alguna forma a la consolidación de los valores cívicos que estructuraron la república de Costa Rica.”

Así que por favor, vote con no solo el corazón sino con el cerebro en la mano, pero VOTE. Vote por quien quiera, pero VOTE. Si nosotros no decidimos quién va a estar en el poder, alguien más lo hará. Todo eso que usted haya pensado sobre tiquicia estos minutos, compárelo con la trayectoria y propuestas de los candidatos. Es usted, soy yo, somos nosotros, quienes decidimos a quién ver el 8 de mayo en el Estadio Nacional recibiendo las llaves del país.