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Soy costarricense, mayor de edad, mujer, heterosexual, hija de madre soltera, estudiante, católica, apoyo los Derechos Humanos y no soy aficionada al fútbol. Tal vez usted no sea mujer, no sea heterosexual, no sea estudiante, practique otra religión, venga de un hogar que nació de un matrimonio o no tenga padres y le guste el fútbol, pero usted y yo tenemos más en común de lo que creemos: Somos costarricenses.

Si usted es mayor de edad como yo, le toca una tarea muy complicada, ya que elegir a un dirigente político y su equipo de trabajo no es tan fácil como dejarse llevar por la emoción de ser aficionado a un equipo de fútbol. Los partidos políticos de nuestro país no son equipos de fútbol, si esta aclaración le parece obvia, espero que otros motivos le parezcan de la misma manera.

Soy mujer y esto no me hace menos que alguien, pero tampoco más, porque todos somos seres humanos, Todos, aunque creamos que somos mejores que otros, pertenecemos al mismo género (Homo) y la misma especie (sapiens). Ah, no estiremos el término género en este caso porque es parte de la taxonomía para clasificar a los organismos vivos del gran árbol de la vida.

No pretendo que usted piense igual que yo, lo que deseo es que piense, razone. Nuestra evolución no solo generó cambios físicos de adaptación, también introdujo capacidades cognitivas que nos permiten desarrollar pensamientos complejos a través del enlace entre la masa cerebral y la conciencia. Haga uso de sus facultades, pensar es gratis, no tiene precio, pero sí tiene mucho valor.

Soy heterosexual, muchos son heterosexuales y muchos otros no. Se ha discutido acerca de los Derechos Humanos que envuelven los temas del matrimonio entre personas del mismo sexo. Le pido que, por favor, piense en el vecino costarricense que no tiene tres comidas al día, en que muchos niños y adultos presentan casos de desnutrición avanzada, piense en los indigentes enfermos que buscan en nuestros botes de basura, piense en esas personas que por una u otra razón sufren de agresión física o verbal, en los niños que reciben balas perdidas durante tiroteos que suceden en nuestro país, en las personas que sufren violaciones tanto de personas cercanas como de extraños. Después piense en que estos problemas no estén tan lejanos de llegar a una solución real en nuestro país, hable de Derechos Humanos para todos, porque en este momento no se están cuidando a muchos humanos que son ajenos a los temas de matrimonio entre personas del mismo sexo y si dejáramos el egoísmo que nos carcome, tal vez podríamos ver que esta otra realidad y destacar las prioridades con lo que respecta a Derechos Humanos. Humanícese.

Soy hija de madre soltera, otros son hijos de matrimonio o de padres divorciados y algunos son huérfanos, pero recordemos que esto no nos da derecho a ser malas personas ni malos ciudadanos. Difícilmente alguien haya nacido bajo condiciones ideales, dichoso aquel que a pesar de la adversidad sabe lo que tiene, lo valora y busca el bien común. Si su argumento para elegir un partido político es el de la familia, no solo vaya a votar por ese aspecto en las Elecciones Presidenciales, si le interesa de tan ferviente manera, haga mejoras en su hogar.

Es cierto, la familia es la base de la sociedad, pero es innegable que la situación actual de nuestro país es preocupante en varios aspectos, entonces, ¿Cómo llegamos a esto si nuestra base parece ser lo más importante para gran parte de la población? Usted podría decir que son los demás y no sus acciones, pero en el fondo, todos tenemos una cuota tanto de mérito como de culpa en esta realidad nacional. ¿Qué vamos a hacer cuando aumente el desempleo y el costo de vida? No se engañe a sí mismo.

Soy estudiante universitaria, muchos lo son, otros lo fueron y algunos no alcanzaron la educación superior. El tener un título universitario respalda en algún área del saber, pero no nos hace expertos en cada aspecto de la vida que se presente, hay muchas herramientas que no se aprenden solo en las aulas de un centro educativo. La persona es responsable si conoce y adquiere como propios los alcances de sus acciones. El título universitario no es lo que define a un ser humano, pero no se puede tomar por menos que una persona que ha sido instruida bajo ciertos parámetros cuenta con las herramientas para enfrentar de una manera más apropiada algunos desafíos, aunque no todos. Hay que aceptar las limitaciones y acompañarse de otras personas que busquen objetivos similares.

Soy católica apostólica y romana, puede que compartamos esto o no. Seguimos siendo compatriotas, somos vecinos, hablamos el mismo idioma (con algunas variaciones), pero parece que hoy hemos retrocedido en el tiempo y esto se ha convertido en una persecución de todos contra todos, como si fueran las barras de la Liga Deportiva Alajuelense y el Deportivo Saprissa. Que usted sea de alguna religión no define su calidad de ser humano y si usted no practica alguna religión, tampoco. Aquellos que somos creyentes debemos recordar que las leyes de Dios deben estar presentes en nuestras acciones, pero además de ser hijos de Dios, somos hijos de una Patria de la cual somos responsables. No, no solo los políticos tienen que ver en esto, usted y yo también.

Yo no me siento representada por ningún partido en la Segunda Ronda que se avecina, muchos se sienten así y otros están complacidos. Mi convicción no va dirigida a buscar lo menos malo, sino lo mejor y ninguno de los dos candidatos lo ofrece. Es nuestra triste realidad.

Espere, esto no lo excluye, es culpa del pueblo aceptar candidatos que no responden a las necesidades de la nación. Y no, no diga que “defender la familia” es una prioridad del Gobierno, debe ser una prioridad en su vida y en la mía, transferir la responsabilidad al Estado por algo que nos toca a cada uno es una vergüenza, pero más de una vez hemos comprobado que a este pueblo no le interesa ser responsable de sus decisiones. Y tampoco diga que aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo es una prioridad, porque no lo es. No es saludable confundir las prioridades personales con las prioridades de un país, no seamos egoístas. Todos estamos enterados de la crisis en la que se encuentra el Estado y todos estamos juntos en esto, algunos tienen más que otros, el problema es que hay algunos que no tienen nada y no querer ver lo que sucede como forma de evadir la responsabilidad moral y social ya se ha agotado.

Un tema delicado corresponde al aborto, hay múltiples discusiones éticas que giran alrededor de este tema. Yo no apruebo el aborto, aunque le llamen terapéutico, no me parece una forma limpia de profesar los Derechos Humanos de los que tanto se ha hablado.

Que yo crea esto y que otros sí lo aprueben no cambia el hecho de que existan personas que aborten en nuestro país, sea legal o no, las personas que están dispuestas a hacerlo, lo harán tanto de forma legal como clandestina. Si usted no quiere que uno de sus hijos o hijas le informe que junto con su pareja o solas decidieron abortar, depende de las convicciones morales, familiares, religiosas y sociales de esa persona, no del partido político de su preferencia.

Ojalá no existieran embarazos no deseados, ni violaciones ni abortos, pero la educación que usted le proporciona a sus cercanos es lo que puede intervenir en la toma de decisiones con respecto a ese tema.

El próximo presidente no debe ser elegido por un solo aspecto de nuestra oscura realidad, es una irresponsabilidad moral, con su familia y con la Patria. Recordemos que Dios y la Patria nos mandan a ser justos unos con los otros. No se deje intimidar por la clase política, ellos no existen si nosotros decidimos que no son aptos para la tarea, créalo, nosotros tenemos poder en una democracia. Salga a votar por algo más que su convicción religiosa o lo que le haya dicho la vecina, el profesor, el sacerdote o el pastor, cada cosa tiene su lugar, si quiere un lugar mejor para usted, su familia y sus vecinos, recuerde que no está solo y no vive en una burbuja aislada de lo que sucede en el país, somos parte de un engranaje de personas que desempeñan roles necesarios para formar la sociedad. Debemos asumir esos roles con mucho orgullo y comprender las limitaciones propias y las de los demás.

Las revoluciones no solo son representadas a través de guerras, el cambio se genera una vez que se producen los pensamientos, son expresados y se convierten en la voz de un pueblo, y esto no es cada cuatro años, es algo de todos los días. Dejemos la vagancia y el conformismo que nos ahogan en un mar de injusticias, ignorancia y pobreza de espíritu.

Evaluemos y reconozcamos la realidad en la que vivimos usted y yo.