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“Los socialdemócratas somos una agrupación política y humana, intelectual y moral, que lucha por desterrar toda clase de explotación de unos hombres sobre otros.”  Enrique Obregón (2005).

Antes que nada quiero decir que no soy ninguna autoridad en el tema, y esto es solo el avance de una investigación que inicié cuando di mis primeros pasos en la militancia partidaria, y que probablemente será una investigación que nunca terminaré. Esto debido a que hablamos sobre conceptos que evolucionan a diario y nos obligan a adaptarnos para poder seguir superando los retos que como sociedad enfrentamos.

El motivo de estas líneas es poner en papel una serie de dudas ideológicas que, al igual que muchos socialdemócratas, me han surgido en los últimos meses y con mayor medida en los últimos días.

Y es que aunque militamos en un partido que no duda ni un momento en decir “soy socialdemócrata”, a veces la socialdemocracia de unos es completamente diferente a la socialdemocracia de otros; es ahí donde me pierdo en un mar de discursos vacíos en contenido y rebosantes en emociones.

Llevo años escuchando que nuestros padres fundadores no consultaban los manuales alemanes sobre socialdemocracia a la hora de buscar cómo guiar al país hacia un mejor futuro. Se nos dice que la socialdemocracia nacional se crea en el país, en los pueblos y las ciudades. Es por tanto que decidí buscar en mi biblioteca algún texto nacional, que recoja las vivencias y visiones propias en este tema.

En medio de tanta confusión ideológica y el ruido de las redes sociales, encontré refugio en las páginas de un libro conocido por muchos y casi que de lectura obligatoria para cualquier liberacionista. Fue escrito por el señor Enrique Obregón y comentado por una serie de grandes personalidades del partido. En este libro encontré la noción ideológica que me enamoró de este partido, pero que tal vez sea solo una idea romántica, ya que actualmente lo que muchos llaman socialdemocracia no se acerca a lo que nuestros ideólogos aspiran.

Un partido sin ideología es como un cuerpo sin alma

Primero, tengamos claro que poco a poco estamos dejando de ser partido para convertirnos solo en maquinaria política. Como nos lo dice el señor Oscar Arias, un partido sin ideología es como un cuerpo sin alma. Muchos de los actuales militantes olvidan que el estandarte socialdemócrata que ondean con tanto fervor es distinto a sus acciones actuales.

La socialdemocracia descansa en tres pilares fundamentales: libertad, justicia y solidaridad. Es en medio de estos tres pilares que fomentar el desarrollo integral de todos los individuos de la sociedad es la aspiración máxima de un socialismo democrático.

Y es que la época de las revoluciones en el país no ha terminado, tenemos que seguir dando las luchas por todos aquellos que necesitan de nosotros. Los resultados de las pasadas elecciones nos recuerdan que el socialdemócrata se olvidó de los más desprotegidos. Ellos no viven de las promesas de futura prosperidad, que nunca llegó. Es en este descontento donde el oportunismo y el fanatismo conservador que siempre se encuentra al asecho, ataca.

Un discurso de odio y de exclusión a todo aquel que sea “diferente” siempre va a calar hasta lo más profundo del pueblo que se encuentra cansado de esperar un cambio.

La historia nos demuestra una y otra vez como un líder carismático y sin muertos en su espalda puede usar un discurso de odio para manejar a la masa, cegarla y llevarla a cumplir sus intereses personales disfrazados falazmente de bien común. Podemos ver como algunos sectores se abocan la voz de todo el colectivo y enmascaran sus propios intereses llamándolos bien común. Esta es una falacia bien abordada por el profesor Habba por lo que no pretendo entrar en detalles para explicarla.

En los últimos años al PLN se le olvidó su senda socialdemócrata, decidimos tomar un camino con el fin de conservar un caudal de votantes sacrificando los ideales. Nuestros padres fundadores no tenían miedo al hombre de iglesia o al hombre de negocios, cuando de asegurarle a cada uno de los ciudadanos su cuota de libertad y felicidad, mientras que en otros frentes como partido luchábamos por sacar de la pobreza quienes lo necesitaban. Sin embargo, hoy día volvemos a librar las mismas batallas que ya habíamos ganado y al parecer no estamos manteniendo el legado que tanto nos infla el pecho cuando lo recitamos como pericos.

Un partido que se haga llamar socialdemócrata bajo ninguna circunstancia puede plantearse acciones que vayan en contra de la democracia misma. Y es que volviendo de nuevo nuestros ojos a la historia, vemos como en democracias maduras se le ha dado espacio a oportunistas que atentan contra ella. Es nuestro deber mantenernos a la defensa a ultranza de algo tan medular para nuestra ideología como lo es la democracia.

Hoy nos encontramos ante una serie de problemas estatales de vital importancia, pero la falta de soluciones y visión de algunos desembocó en una campaña centrada en temas que tal vez no son de tanta urgencia, o por lo menos temas que un socialdemócrata debería tener claro y no dudar a la hora de su discusión.

Problemas como la crisis fiscal, la protección del ambiente, la amenaza de algunos de sacarnos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la OEA; esos son problemas realmente importantes y nosotros como amantes de la democracia deberíamos estar discutiendo y proponiendo soluciones reales.

Pero en los últimos días los egos de algunos militantes que se niegan a aceptar la derrota y su argumento es: “yo por ellos nunca votaría porque me hablaron de mala manera”, o decir que algún partido político es “enemigo natural de Liberación Nacional”, es una completa falta a la ética como socialdemócrata. Los enemigos naturales del Partido Liberación Nacional son la pobreza, la falta de educación en el país, la intolerancia, todos aquellos filibusteros que le niegan a los individuos sus derechos fundamentales, el machismo; esos son los verdaderos enemigos del PLN.

Tenemos que hacer patria y luego partido

Aceptemos nuestros errores, dejamos olvidados a ciertos pueblos y nos centramos en las necesidades de unos pocos y ahora estamos pagando las consecuencias en las urnas y en el diario vivir como costarricenses.

Es nuestro deber como socialdemócratas velar por preservar la democracia, y casi puedo escuchar las réplicas de los necios equiparando la democracia con una elección. La democracia es la voz del pueblo que se defiende de la opresión, y esa democracia es la que debemos proteger. Defender el sistema jurídico e institucional al que estamos suscritos y abanderar las luchas por protegerlos, ya que velar por este estilo de vida en sociedad es proteger la libertad.

Debemos acallar las voces que tratan de confundirnos diciendo que una ley o una guía educativa cambiaran la moral de un pueblo. La moral es algo que se vive personalmente, cada individuo tiene una noción distinta del mundo y una concepción diferente de qué es lo moralmente aceptable. Como sociedad debemos respetar las libertades personales de todos y nunca oprimir sectores solo porque una élite gobernante tiene una visión de mundo distinta.

Sé que muchos compañeros ante esta segunda ronda no encontramos en ningún partido una sensación de comodidad política, y eso es lógico, tenemos una forma de ver el mundo que si los que actualmente disputan la presidencia del país compartieran, estarían a nuestro lado luchando. No obstante, debemos analizar ambas opciones, mínimo una está dando una lucha por los derechos de las personas y por preservar la institucionalidad del país, una de las opciones busca mantenernos adscritos en los organismos internacionales los cuales han sido nuestra única línea de defensa y auxilio en esta segunda república.

Les pido que piensen en el país, y que actúen como lo que siempre se jactan ser: socialdemócratas. Entiendo que la campaña crea asperezas entre las personas, pero no estamos en una lucha de egos, estamos en una lucha sin fin, por la libertad en contra de todos aquellos que nos la quieran arrebatar. Una lucha que a lo largo de la historia hemos dado en muchos frentes, contra los empresarios explotadores de las clases obreras, contra quienes quieren empobrecer a nuestro pueblo, contra los que quieren a un pueblo ignorante y dócil.

Es momento de recobrar el espíritu rebelde que nos llevó a dirigir al país a sus años más gloriosos, pero no hagamos esto por méritos propios, hagámoslo porque es nuestro deber como socialdemócratas y como costarricenses.

De forma personal le invito a revisar los estándares ideológicos del partido y, si después de esa revisión de lo que es socialdemocracia usted sigue pensando que el camino a la libertad no es por medio de la revolución y la lucha fanática por la democracia, tal vez usted es parte del problema que tanto aqueja a este partido y sería bueno que buscara trinchera en otro lugar.

Si usted prefiere mantener una postura contraria a un socialismo democrático pensando en las cuotas de poder o la cantidad de votos que va a obtener, lastimosamente usted no es socialdemócrata, es un mercader electoral y estos son otros de los más grandes enemigos de PLN.

Devolvámosle el aire de revolución a este partido, no lo dejemos sentado en la silla del poder sedentario y panzón, devolvámosle la juventud y las ganas de luchar codo a codo con el pueblo por una sociedad más justa y libre.