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Cada vez que imparto un curso de Generales o Historia de Costa Rica, tocamos el tema de la formación de la identidad en nuestro país, ese tema y la formación de nuestro Estado, es decir, la construcción de Costa Rica como proyecto socio-político, pasa por la relación entre el valle y la costa.

Si hay regiones que han padecido la llamada teoría de la copa llena y el goteo desde hace 200 años, desde el inicio de la formación de nuestro Estado, han sido las provincias costeras.

Como costarricenses, debemos reconocer que si bien tenemos muchas virtudes, nuestra sociedad tiene características de las cuales no podemos sentirnos orgullosos y que hemos producido como sociedad, discriminaciones que se han naturalizado de una forma imperceptible.

Nuestro país se construyó a partir del Valle. El producto económico que vinculó a Costa Rica al mercado internacional se producía en las cuatro provincias centrales. Y como esa población era blanquita, como el Valle era fresco, nuestra identidad desde el primer momento se vinculó a cualidades vallecentralistas de cierto tipo.

En el fondo, ese nefasto experimento social, facilitó el imaginarnos ajenos a Centroamérica, ajenos a Latinoamérica y al trópico, porque en el Istmo hace calor, la gente es morenita y hay pobreza, igual que en nuestras costas. Las culturas indígenas más desarrolladas están fuera del Valle Central y por dicha, eso nos aleja del resto de la América tercermundista. Pensar que Costa Rica es solo un valle fresco, nos acerca más a Suiza.

La cultura vallecentralista es tan natural como pedir un casado: sabemos las partes del pollo, muslo, pechuga, pero lo pedimos con pescado y no sabemos que especie marina es, porque es cultura de la costa, ahí se preocupan por el nombre del pez, en el valle no sabemos nada de eso.
Aunque tenemos una inmensa producción de atún, casi ningún costarricense conoce el atún más allá del embutido, porque ese es el atún que logra llegar al valle, el atún fresco es una cultura de la costa que hay que despreciar.

Esa cultura hizo que todo nuestro desarrollo se centrara en el Valle. Debido a eso, ninguna sede central de una universidad pública está fuera del Valle, tampoco tenemos ninguna academia nacional de danza, teatro, escuela de música, en fin, el mensaje era claro, si querés ser un buen deportista, músico o ingeniero, debes ir a la meseta central, no puedes mantener unida a una familia de la costa, cuando alguno de sus miembros desea formarse profesional, cultural o deportivamente al más alto nivel.

El Dr. David Díaz cuando nos comentaba acerca de la columna liniera, aquella brigada de trabajadores bananeros que venían a defender la reforma social de los años 40, nos decía que habían impactado mucho a los habitantes de San José, aquellos hombres costeños, les rompieron esquemas a los josefinos de la época, no entendían como en la Suiza centroamericana podían habitar aquellos seres humanos.

Si algo logró el Partido Comunista fue enseñarles a los capitalinos de aquella época que había otra Costa Rica, más allá del Valle. Los comunistas dejaron claro que el trabajo partidario en esos territorios era clave, solo así se explica que el único diputado electo por Limón en el 48, fuera comunista. ¿Por qué la izquierda ha deshonrado esa tradición? Será algo que deberemos analizar desde nuestra acera ideológica, pero me pareció importante que usted manejara esto que le estoy contando.

Esa lógica perversa siguió operando en la segunda mitad del siglo XX y si bien goteó un poco más de desarrollo hacia las costas gracias a un eficiente entramado institucional público, también, como nos señala la tercera ley de la dialéctica, tenía la esencia negativa, que produjo una capa media vallecentrista, sumamente privilegiada y bastante racista hacia la población costeña.

La última etapa de esa historia es más conocida. Ahí donde la izquierda dejó un vacío por un lado y el neoliberalismo redujo la inversión para el desarrollo por el otro, entraron las piñeras y las iglesias protestantes, a sembrar de miseria las primeras y falsas esperanzas en sus familias las segundas, y mientras esto fue produciéndose por décadas en el último período, la capa media vio para otro lado y se dedicó únicamente a defender sus privilegios.

Carlos Fernández Liria nos enseñó que el ser humano tiende antropológicamente a levantar instituciones para enfrentar el devenir del tiempo, de la historia. Así como frente al nomadismo fue levantada la agricultura, frente a la enfermedad fue levantada la Seguridad Social y frente a la falta de vivienda fue levantado el INVU.

Este primero de abril, nuestras capas medias irán a votar nuevamente por defender sus privilegios, pero si usted cree realmente en otra Costa Rica, no se coloque del lado continuista de esta perversa historia.

Garantícele a esas poblaciones más allá del Valle que solo usted puede darle a la Presidencia de la República un carácter de Institución, que inicie el desmantelamiento de esta nefasta cara de nuestra historia patria, dígales que usted será la primera línea de defensa de las familias de miles de compatriotas frente a la exclusión y marginación que viven los forasteros alrededor de la meseta. Creo que tener claro lo anterior, es un buen punto para comenzar.