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Pocos días han pasado después de la primera ronda electoral y la coyuntura que vive Costa Rica es complicada aunque parece ser un juego para algunos. Hemos permitido que un tema se anteponga como el eje central de esta primera fase en todos los debates, discursos o cualquier actividad de campaña.

El pronunciamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos(CIDH) es sin duda un tema de importancia para el país, pues invita a Costa Rica a seguir el camino de la construcción de una sociedad más equitativa y justa para todos y todas.

Algunos candidatos y sus partidos como lo son Antonio Álvarez Desanti (PLN), Rodolfo Piza (PUSC), Juan Diego Castro (PIN) y Fabricio Alvarado (PRN) aprovecharon este pronunciamiento (unos más que otros) como su principal herramienta de “discurso político” con el propósito de llegar a Zapote el 8 de mayo.

Dados los resultados y con miras al domingo primero de abril, el más preocupante en este momento es el del candidato  del Partido Restauración Nacional, Fabricio Alvarado. Su fundamentalismo religioso se ha visto reflejado en su total negación a acatar el pronunciamiento de la CIDH, al punto de considerar como alternativa sacar a Costa Rica del Pacto de San José.

Solo el hecho de pensar en sacar a nuestro país de dicho Pacto evidencia poco bagaje político y falta de perspectiva en materia de política internacional. Aparte de esto, el hecho de querer rechazar que todas las personas tengan los mismos derechos civiles genera una preocupación grave. ¿Por qué la fe y credo de una persona debe estar por encima de los derechos de los demás a tener una vida digna?

Cortina de humo

El tema mal llamado “Ideología de género” ha sido la gran cortina de humo que ha teñido estas elecciones. Hemos permitido que esta materia se anteponga por encima de muchas otras. La polarización generada en el pueblo costarricense no podría ser mayor. Llenos de confusiones, mentiras y con su fe manipulada, algunas personas optan por apoyar a un candidato que más allá del bien común, desde su discurso separa a unos de otros. Suficiente con esto. Parece ser que hemos olvidado que Costa Rica tiene problemas graves que afrontar.

Estamos con un déficit fiscal grave y a las puertas de una posible crisis en caso de no buscar una solución. La pobreza, el desempleo, la inseguridad, el deterioro de algunas Instituciones Estatales, la reforma de Estado, así como otros problemas sociales son temas de suma delicadeza que deberían estar en discusión en cada espacio político que se genere.

La fase de promesas de 160.000 o 200.000 empleos ya pasó, y quedó en evidencia que esto no cala más en la mayoría de los costarricenses. Las promesas falsas las dice cualquiera. Es momento de llevar las elecciones nacionales a discusiones que determinen el futuro de Costa Rica. Y esto es responsabilidad de todos; sociedad civil, partidos políticos y muy importante los medios de comunicación, pues democracia no es sólo ir a votar, sino también el tener acceso a información veraz y oportuna.

No permitamos que estas elecciones se conviertan en una votación polarizada por la percepción de lo que es una familia y como esta debe conformarse. Al final la familia se conforma donde hay amor y respeto, independientemente de quienes la compongan.

Recodemos que el primero de abril se elige no solo a un presidente, sino una agenda política y un equipo de trabajo que tomará decisiones económicas, políticas y sociales que van mucho más allá que unas guías de sexualidad.

Ataquemos la desinformación que algunos desean que se mantenga en el pueblo costarricense y ejerzamos un voto consciente dónde la razón prive la emoción.