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1. El concepto de “deidad” está íntimamente relacionado con los espacios temporal y físico, es decir, al contexto que le tocó vivir: si usted hubiese nacido en la antigua Grecia, su mayor deidad sería Zeus; en una anterior era nórdica, alabaría a Thor; en la actual India, muy seguramente hablaría de Brahma, Vishnu y Shiva; o en la Afganistán de hoy, seguramente me nombraría a Alá. Por lo tanto, y debido a que está en un país donde predominan las ramificaciones de las conceptos monoteístas basados en las creencias del grupo judeo-cristiano-islámico, muy posiblemente su concepto de deidad está definido y relacionado únicamente al acontecimiento de la colonización europea en América que empezó a finales del siglo XV (al igual que, por ejemplo, está ligado a su actual lengua: castellano).

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2. Los conceptos de “religión” y “mitología” están divididos (grosso modo) por un espacio meramente temporal; esto es, lo que antiguamente se conceptualizaba como religión, actualmente se le reconoce como mitología. Y esa parece ser la evolución (o involución) normal que sigue cualquier corriente religiosa a lo largo de la historia: dentro de varios años (cientos o miles quizás) las actuales religiones se volverán mitologías para dar paso a nuevas creencias religiosas y filosóficas. Dicho esto, defender una u otra religión es innecesario: al fin y al cabo es muy probable que se convertirán en mitologías.

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3. Basado en los dos puntos anteriores y sabiendo que las actuales religiones se basan en deidades, mi objetivo es tratar de esclarecer que tanto los conceptos de “deidad” y “religión” no son más que eso: conceptos basados en un contexto. Así el asunto, le propongo un ejercicio: tome como base los mejores valores de cada corriente filosófica o religiosa y aplíquelos en usted mismo, como el amor al prójimo que proclama el cristianismo, el honor al propio ser que inculca el budismo y el respeto a la diversidad que induce el hinduísmo; trate de ser “buena persona” por convicción y no por imposición o miedo (como al sufrimiento eterno que inculcan varias corrientes religiosas), no se deje adoctrinar por un culto religioso solo por su historial familiar y permítase vivir basándose en convicciones humanistas provenientes de varias filosofías.

Finalmente, incúlquese el deseo de cuestionarlo todo, absolutamente todo: investigue, aprenda, discuta y discierna acerca de todo (incluso lo que acabo de escribir, para que nunca crea que ya todo está escrito).