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Es una persona a la cual le quepa el país en la cabeza. Que digiera la realidad política y sepa gobernar con un mapa claro de metas en orden de importancia y estratégicas para Costa Rica.

Si no hay liquidez en las finanzas públicas, empleo, y confianza entre la población, es difícil arremeter con proyectos de gran envergadura que cambien los escenarios económicos y sociales, mismos que son muy distintos región por región; y que han sido modificados durante los últimos años por fenómenos internos y externos. ¿O acaso alguien recuerda que hace cuatro años la seguridad ciudadana fuera un tema recurrente en los debates?

Un presidente que entienda que hay cosas urgentes pero hay otras que son importantes. Que no gobierne para las redes sociales y por la popularidad sino con la convicción que dan los valores claros y la firmeza sostenida a lo largo de los años pensando en estructurar la Costa Rica del largo plazo.

Necesitamos un presidente que tienda proyectos que nos pongan a soñar de nuevo. En variados momentos Costa Rica ha marcado el paso mundial en innovación y cambios trascendentales: San José, segunda ciudad en tener alumbrado público después de Nueva York; la creación de la primera multinacional de occidente en nuestras tierras; el primer centro de educación para las mujeres; la abolición del ejército; la aprobación del voto femenino; la atracción de inversión inteligente, etc., son algunos de los hechos que nuestros antepasados impulsaron por que vieron un poco más allá de cuatro años de mandado electoral.

Entendieron el compromiso de Estado que se les venía encima al asumir la presidencia de Costa Rica y adoptaron para sí una palabra clave: legado. Llevamos varias administraciones sin un legado claro. Son acomodaticias, y van pateando la pelota de las transformaciones resguardándose en que el siguiente lo asuma, y no han tenido la firmeza para pagar el costo político de hacer lo que el país necesita.

Más que la experiencia y la astucia política el país necesita la frescura y energía de un presidente que nos ponga soñar y a trabajar para conseguir esos sueños. A lo largo de casi quince años citando en diferentes actividades a las personalidades más influyentes de diversos sectores a nuestros foros, he encontrado una similitud en todos ellos: por más que en público se denigren mutuamente, se pueden tomar un café en medio de chistes sobre el partido de fútbol del domingo, y entre chota y chota se reconocen juntos por que pertenecen a esta gran patria que es Costa Rica. Esa característica muy nuestra de tratar de resolver un problema echando lengua antes que dándonos golpes debe ser usada por nuestro próximo presidente con un atenuante: forzar al contendor a la acción en beneficio común, aunque hayan discrepancias ideológicas.

Nuestro próximo presidente tiene necesariamente que embarrarse las manos, exigir cuentas, demostrar desde antes su probidad, y poner a caminar un aparato lento, descreído y en algunos caso inútil cual es el aparato gubernamental; debe generar innovación operativa en el mismo. Nadie en su sano juicio en el país se opone a que un servidor público gane bien, en lo que la gente no está de acuerdo es que dicho servidor sea mediocre en su trabajo. Nuestro nuevo mandatario debería tener una meta operativa y es subir la eficiencia en la gestión administrativa y que entonces los pluses salariales por ejemplo, no sean un derecho adquirido por convención colectiva sino ganado mediante resultados: una exitosa empresa estatal.

Para lo anterior tendrá que ponerse los guantes con los sectores que quieren seguir esquilmando al estado solidario. No hay de otra. Es o hacer las cosas con firmeza y con acción vehemente, o dejar que quebremos nuestro sistema social y caigamos en la desazón popular que sólo lleva a la anarquía. El presidente que necesitamos precisa de un equipo eficiente de gobierno pero más allá de eso, debe ampliar su liderazgo a todos los sectores de la población, que deben verse representados en su gabinete, no con cuotas electorales sino con desafíos comunes. Gobernar por resultados, con horarios claros, transparencia absoluta, y metas definidas.

En el pasado hemos tenido economistas prominentes, banqueros exitosos, eminentes intelectuales, pero su accionar ha sido disminuido pues en el afán de generar una estrategia han despilfarrado los años de mandato y al final los resultados de gestión son paupérrimos. Más que equipo de estrellas se necesita un capitán a bordo que dirija un pelotón de gregarios que se casen con el plan país del mandatario.

Necesitamos un presidente digital, que le dé a la ciencia y la tecnología, así como al Gobierno Digital, el peso necesario para hacer de Costa Rica una meca de generación y atracción de talento en la edad de conocimiento avanzado en la que vivimos.

Necesitamos un presidente de mano firme contra la plaga del narcotráfico en todas sus variantes. Que estimule nuevas formas de interdicción terrestre y marítima con países más sofisticados en el combate a las drogas de la región sur y norte del continente. Pero que al mismo tiempo sea un hábil lector de las tendencias más racionales de cómo combatir el flagelo al menor costo posible.

Necesitamos un presidente que entienda que está generando un proyecto de Estado y no de Gobierno. Y que en esa línea se apropie del Acuerdo Nacional, la exitosa negociación entre nueve partidos presentes en la Asamblea Legislativa que derivó en 59 propuestas de reformas, de leyes y de acciones que serían más que un plan de gobierno para comenzar a implementar a partir de mayo.

Necesitamos un presidente con valores y con valor. Que haga de su fe un compromiso con una sociedad cansada de la deshonestidad y la vagabundería. Un presidente que dé testimonio de vida y de lucha por la Costa Rica que amamos hará que aquellos que han perdido la esperanza y el norte vuelvan a creer, y sentir el orgullo mucho más allá de una eliminatoria y de un mundial.

Ese presidente será una bendición para esta tierra pues si entiende que su propósito es más grande podrá reestablecer los pilares de paz y prosperidad y respeto por el medio ambiente y el goce de la vida, entre muchos otros, y eso a la postre será beneficioso para todos los partidos políticos pues hará que entendamos que vamos a elegir en adelante un presidente que le quepa el país en la cabeza pero más importante en su corazón y sobre todo en su conciencia.