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William Hazlitt, reconocido escritor y filósofo inglés escribió alguna vez que el único vicio que no puede ser perdonado es el de la hipocresía. “El arrepentimiento del hipócrita es hipocresía en sí misma”-dijo-. El 8 de mayo de 2017 ante el espectáculo ofrecido por la bancada del partido Liberación Nacional -liderada por su actual candidato presidencial- al apoyar a un pastor evangélico como presidente de la asamblea legislativa se hizo aún más extensa la lista de hipocresías e inconsistencias que, efectivamente, serán imposibles de perdonar por muchos costarricenses cansados de las mismas fórmulas baratas que en aras de alcanzar el poder, mancillan principios básicos y evidencian contradicciones burdas y ridículas.

Gracias a los debates entre candidatos a la presidencia y otras tantas incontables noticias periodísticas asociadas, fue posible recordarle al electorado muchas de las falencias de Álvarez Desanti. Desde 2001 intenta llegar a la presidencia sin éxito. No le resultaron ni sus cápsulas televisadas copiadas al mejor estilo de Abel Pacheco (con su propia frase trillada despedida incluida), ni su “gran indignación” cargada de palabras fuertes y luego, con el tiempo, vacías, cuando abandonó Liberación Nacional para intentar copiar también lo que Ottón Solis logró cuando fundó el Partido Acción Ciudadana. No sólo renegó del partido que lo llevó a ser ministro de gobernación y presidente del congreso, sino que en la campaña del 2006 se enfrentó y fustigó a Óscar Arias, a quien ahora valora como su gran mecenas y es a todas luces parte fundamental de su campaña. Todos recordamos cómo en esa fallida elección Alvarez y su partido Unión para el Cambio no alcanzaron siquiera una diputación. Cuando las posibilidades de emular lo alcanzado por el PAC quedaron en posibilidad nula, volver al balcón verde con los brazos abiertos fue la mejor opción –y la más fácil- que encontró para poder continuar con su carrera y ambiciones políticas.

Pero ni ese historial de “gran flexibilidad” podía prever su capacidad de exponer aún más su personalidad de político calculador. La mencionada elección del actual presidente legislativo -promovida por él - un fundamentalista cristiano, que en el pasado fue condenado a prisión preventiva y suspendido de su profesión de notario por faltas graves, es solo uno entre múltiples ejemplos fatídicos que demuestran el perfil indeseable del candidato del PLN. ¿Cómo explicarle a los costarricenses que liberación Nacional aboga por la aprobación de proyectos de derechos Humanos estancados por años y al mismo tiempo le da la batuta de la asamblea legislativa a un enemigo declarado de los mismos? Al menos en su incoherencia, Desanti es algo coherente: todos saben cómo en su momento siendo ministro de gobernación adversó a capa y espada esos derechos que hoy a pesar de sus maniobras para elegir a Gonzalo Ramírez como cabeza del congreso, afirma defender tras “haber cambiado de opinión”. ¿Le habrá alguien preguntado al candidato presidencial cuántas veces hay que cambiar de opinión para ser calificado como incongruente y poco fiable? ¿Se lo preguntó alguien cuando marchaba en la mal nombrada marcha “en favor de la familia” hace solo semanas?

El facilismo para cambiar a su conveniencia las palabras que emite o las acciones que lleva a cabo no sólo se evidenció al aceptar ser el candidato del Arismo a pesar de sus críticas previas o al promover a ese fundamentalista como presidente de la Asamblea Legislativa. También se hizo presente al acuerpar la decisión de Johnny Araya de abandonar la lucha electoral en 2014 siendo su jefe de campaña para decir luego que eso fue “un error". Fue clara su inconsistencia incluso dentro de su mismo partido cuando tras la contienda contra Jose María Figueres realizó bochornosos desplantes y denuncias de fraude infundadas que volvieron a reforzar una pésima imagen del partido al que aun cientos de miles de costarricenses catalogan como "el más corrupto de todos". Hace apenas unos días para congraciarse con los figueristas afirmó que alguien le dijo que el expresidente tendría reuniones a lo largo y ancho del país con gente afín al expresidente ante lo que este respondió: "¿Es esto una broma de mal gusto?”.

Al igual que cuando pidió perdón tras irse del partido y regresar, al igual que cuando hizo acto de contrición frente a los liberacionistas que le recordaron que “no hay peor lucha que la que no se hace", así también tuvo que disculparse por sus declaraciones de fraude hechas “Al calor del momento”. Posiblemente si logra la presidencia tendremos que preguntarle por los 150.000 empleos que ahora promete y responderá con una tontería absurda como aquellas a las que nos tiene tan acostumbrados. Quizás pedirá perdón otra vez.

Este no es el presidente que Costa Rica merece y necesita. Nuestro país merece un líder que mantenga una línea de pensamiento coherente, que defienda sus ideales más importantes aun cuando la negociación política se haga presente. Un presidente diría Hazlitt, al que no sea fácil señalarle tantas hipocresías.

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Fotografía: Twitter Antonio Álvarez.