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Hace días amigos y familiares me preguntan por quién votar de cara a las elecciones de febrero. No me preguntan porque crean que yo sepa más que lo que ellos también saben de la política nacional, sino, porque tanto ellos como yo no han encontrado un candidato o una propuesta que les mueva las piernas para salir a votar en febrero.  

Una breve introducción...

Lo primero, gobernar en Costa Rica es complejo y nuestras platinas políticas no se resuelven con un gobierno cuya vida es de 3 años en términos reales. La capacidad de emprender cambios importantes como una reforma fiscal que grave impuestos a quiénes más se benefician del Estado o una reforma sustancial del sistema de transporte público depende no sólo de las buenas intenciones del gobierno, sino también, de la capacidad de mover leyes y reformas en la Asamblea Legislativa.  Y en la Asamblea Legislativa ya sabemos cómo termina siempre el circo.  Pero seamos también honestos, nosotros hemos elegido a estos diputados. A la “rata”, a Abelino Esquivel o a Justo Orozco los elegimos nosotros.  

Segundo, gobernar también implica en un país como el nuestro encontrar grandes intereses que con dinero y presión política y de medios bloquean los cambios o los dirigen en su propio beneficio.  El caso de los empresarios de buses y su constante bloqueo a reformas en el sector de transporte público es un claro ejemplo.

Tercero, gobernar también es ganar la voluntad de los medios de comunicación, que son pocos y con gran poder, y no solo están metidos en el negocio de vendernos información, sino en muchos otros sectores de la economía, y que cuando, por ejemplo, suenan las campanas de una reforma fiscal que les grave a ellos, sus dineros en Panamá y también a sus millonarios beneficios, nos recetan noticias de catástrofes al estilo memorando del miedo versión 8.0. Pero entonces...

Querida persona muy cercana

Bueno comencemos por la más fácil... Vos como yo descartamos a Liberación y Desanti.  Acá vos y yo sabemos que por más plata que le metan, y aunque nos llame el mismísimo Óscar Arias o nos mande un WhatsApp el finado Figueres, por Desanti no votamos.  Sencillo, un empresario metido a político que junto con su familia se ha enriquecido a costa de millonarios alquileres con el Estado. Así hasta yo. Y bueno, el político del yo no sé, yo ya no sé. El exjefe de campaña de #JhonnyAraya2014. El que hace 4 años decía que en abril de 2018 terminaba su carrera política.  Y el político que en el 2006 maldecía a Oscar Arias y al corrupto PLN.  Y bueno, en eso no se equivocó.

Otto Guevara, el eterno Ken candidato a presidente. Será la quinta elección para este demócrata (sarcasmo).  Un político que ha vivido en los últimos al menos 20 años de liderar él o su hermano el Movimiento Libertario en la Asamblea. Unos años defendiendo los casinos y otros años las peleas de gallos. Un buen negocio.  Otto, el Ken, nos ha vendido en sus últimas 5 campañas, 5 versiones diferentes de lo que él quisiera ser para el país.  Desde un anarco liberal que vende hasta la mamá o un pandereta, hasta su última versión de #PellizcoEnNalga de Juan Carlos Bolaños. No más Otto y no más Libertarios.

El popular Juan Diego Castro. El abogado y candidato de #NachilloSantos y TELETICA. Ex ministro de justicia y seguridad en la administración del #ComeTamales, Chema Junior.  Lo pongo en dos platos: un bocón, el matón del barrio. Un político que ha declarado meses antes de las elecciones un supuesto fraude electoral del Tribunal Supremo de Elecciones. El democráta (sarcasmo) que amenaza un día sí y otro también a periodistas que lo cuestionan.  Escribo desde Alemania, y acá entre las piedras de las aceras hay recuerdos de lo que estos “machos  mini alfa acomplejados” son capaces de llegar a hacer.  No digo que JDC sea un Hitler, sino más bien es más un Donald Trump tropicalizado. Pero que, como Mr. Adolf o Mr. Trump, JDC comparte un discurso que lejos de aplacar las causas de nuestros problemas buscan responsabilizar a alguien más de nuestros problemas, casi siempre los migrantes.  Acá en Alemania son los refugiados, en EE.UU. los mexicanos y en Costa Rica, los nicaragüenses.  JDC es un político sin partido. Pero no un político nuevo.  A pesar de su discurso, es un político cercano a Liberación y en las pasadas elecciones 2014 le dio su respaldo y adhesión a Johnny Araya. A Johnny Araya. Juan Diego ha gozado de lo que otros políticos no, el respaldo abierto y las cámaras y micrófonos durante muchos años de Canal 7.  Pero su partido, el PIN, es un partido bisagra, un partido sin estructura, sin ideología o sin base electoral.  Y seamos sinceros a como pinta la cosa, yo no veo cómo Nachillo Santos pueda dejar el Chinamo para pasar a ser ministro en el MOPT.  Si en los cincuentas –los cincuentas del siglo pasado- Liberación fue exitoso en modelar un modelo de desarrollo integrador, lo hizo, porque entre sus filas se movía la mejor de las  gentes e ideas.  Por el contrario, JDC nos ha vendido un equipo de gobierno que en primera plana aparecen una escoba y un cuchillo, muy útiles herramientas para gobernar en democracia.

Piza y el PUSC. El hasta ahora candidato de mi mamá. Piza es el candidato fracasado de la convención del PUSC del 2014, y que terminó como candidato de rebote por el retiro una sí y después otra también del doctor.  El de los dichos graciosos de los debates también del 2014 y nada más. Piza es el representante del PUSC caído en desgracia y corrupción años atrás.  Un partido sin renovación, con algo de plata y con pocas ideas. Con la misma gente que estuvo en los gobiernos pasados del PUSC. #LosMismosDeSiempre. Su ex jefe de campaña, el diputado Johny Leiva fue uno de los diputados que ayudó a montar el baile del #Cementazo en la Asamblea.  Si por la víspera se saca el día, el PUSC era realmente la plataforma electoral que buscaba Juan Carlos Bolaños.  Piza y el PUSC han sido férreos opositores de una reforma fiscal que los grave a ellos y sus amigos.  Sencillo, Piza es el perfecto candidato PUSC de 1990, no del 2018.

Edgardo Araya.  Otro candidato rebote.  Nombrado candidato por el Frente Amplio porque José María Villalta no quiso comerse una campaña más como la del 2014.  Lejos de que el problema del Frente Amplio sea que son comunistas, no lo son. No lo son.  El problema es que el FA, carece de horizonte político y gente con capacidad de maniobrar en el ejecutivo. Es un partido de oposición. El Carmelita que le juega nada más a la Liga.  El FA es sin lugar a dudas el mayor desconsuelo del período electoral 2014-2018.  Con el mayor capital político en la historia de la izquierda en el país, el FA nos llevó a la Asamblea Legislativa a agresores y acosadores, a Ligia Fallas y dos diputados que votaron por Celso Gamboa para magistrado. Un partido de izquierda con poca renovación y formación.  Y bueno sí, Edgardo no es José María.  No tiene verbo, predicado, ni sustantivo.

Alguno de los candidatos religiosos.  Por amor a dios, no. Estos candidatos son mercaderes de la fe. Algo así como los vendedores de Herba Life. Pero seamos claros, estos de cristianos no tienen nada.  Predican un dios de odio con una cuenta bancaria en Panamá. Estos candidatos han sido astutos en movilizar su verbo de púlpitos para atraer votantes, pero nada más, no hay programa, no hay ideas, no hay estructura.  Votar por estos candidatos es darle la construcción de tu casa al vecino pandereta cuyo único mérito en la vida ha sido salir en Canal 23 dando su “testimonio”.

Esto pinta largo: Carlos Alvarado. El PAC, el PAC, el PAC. Alvarado no es #LuisGui y #LuisGui ganó por que ante la campaña del miedo del 2014 a la gente no le quedó más que él por quien votar.  El cuento de la #CocaCola es puro #FakeNews. Tampoco es Ottón Solís, y Ottón Solís tampoco está en su fórmula presidencial. Alvarado he de reconocerle es el ministro que desde el IMAS guío los programas, hoy exitosos, de reducción de la pobreza. Un político joven y preparado en Inglaterra. Ojo no soy #PAC, ni de lejos; pero tampoco podemos caer en el serruchapisismo de negar cambios sustanciales traídos a la política por este primer gobierno del PAC. Señores: la platina, LA PLATINA. La gestión y atención del huracán Otto, por ejemplo. Y yo sé, el #Cementazo, sí, un robo sí, un acto de corrupción también.  Pero a pesar de que alguna prensa ha querido PACquetizar este tema, el #Cementazo más #CelsoGamboa no son monedas de cambio de un solo partido, sino de una manera de hacer política que cuando no ha sido descubierta, en Costa Rica ha sido muy exitosa para unos pocos.  Y si, de nuevo el PAC nos trae un candidato malo, sin carisma y poco liderazgo, pero ante el peor panorama electoral, es lo que hay. Y al menos tienen mucha gente decente y preparada detrás. Ottón en primera fila. Pero tristemente los partidos políticos han reducido la oferta electoral en el país, a un #MenosMalo. Pero ante un panorama electoral donde nos jugamos las joyas de la convivencia en democracia y el respeto a las instituciones a manos del matón del barrio, votar por Carlos Alvarado, #ElMenosMalo, es la opción más sensata y mucho mejor que un #selfie el ocho de mayo entre Nachillo Santos y su porrista Juan Diego Castro.

Entonces...

Me regresó. Un presidente no resuelve nuestros problemas, muchos de ellos anclados en un modelo económico que dejó de funcionar para todos y excluye un día sí y otro también a cada vez más personas.  No hay en política mesías que resuelvan los problemas de la noche a la mañana. Las reformas que el país necesita son de fondo y se requiere gente con visión e ideas nuevas, no solo en el Ejecutivo, sino también en la Asamblea Legislativa. Y acá está la tarea más importante.  Votar para presidente ya vimos no es tan fácil, pero tampoco es fácil ir a la lista de diputados.  Pero empecemos por lo sencillo, para febrero de 2018 eliminemos de nuestra lista a #LosMismosDeSiempre, no más PUSC y no más PLN.  No más mercaderes de la fe y ya no más Libertarios.  Aún tenemos tiempo para explorar los candidatos que nos ofrecen el PAC o el Frente Amplio, o partidos provinciales nuevos como #Vamos en San José.

Pero seamos honestos, la democracia no termina cada cuatro años en las urnas.  Votar es sencillo, hacer país en los tiempos que corren es lo difícil. Y hacer país pasa por asumir la responsabilidad del voto sí, pero, también por la de exigir responsabilidades a quiénes hemos electo, y a quienes no hemos electo también, como los medios de comunicación.  Pasa por dejar de culpar a alguien ajeno y asumir las responsabilidades de nuestro #Valeverguismo nacional.  Pasa por indignarnos con los medios de comunicación con partido político sin el carácter de decir, sí, Desanti o JDC es mi candidato. Como sociedad hemos siempre sido mejores que las amenazas y las poses de un Trump tropicalizado.