Este artículo representa el criterio de quien lo firma. Los artículos de opinión publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de este medio. Delfino.CR es un medio independiente, abierto a la opinión de sus lectores. Si desea publicar en Teclado Abierto, consulte nuestra guía para averiguar cómo hacerlo.

El blanqueo de capitales, legitimación de capitales o lavado de dinero, en palabras sencillas, es la actividad que trata por diversos medios, de que el dinero obtenido por vías delictivas o ilícitas, pase dentro de la economía como el fruto de actividades productivas, de comercio, entre otras, que son honradas y a todas luces legales, dejando sembrado en su camino de “fortuna y riqueza”, toda una variedad de actividades  que causan un enorme perjuicio social, y dentro de este, un proceso de deterioro económico a países, sectores industriales o comercio y regiones económicas.

Los términos lavado o blanqueo no son por mera casualidad, durante los años 20 en los estados Unidos, debido a la prohibición en la producción y comercialización del alcohol –llamada “ley seca”— y la prostitución, el dinero obtenido por la actividad ilegal se invertía en lavanderías de ropa, de tal forma que como esta actividad era casi completamente en efectivo, pues simplemente se confundía el dinero producido por la venta del servicio con el dinero sucio de la venta de alcohol de contrabando y los prostíbulos, “limpiando” el dinero y haciéndolo legal.

Quizás estamos más acostumbrados  a escuchar el tema del lavado de dinero como producto del narcotráfico; algo que sin duda es correcto, pero hay una variedad de actividades delictivas que producen un alto flujo de efectivo, siendo la idea el uso de ese dinero para ampliar la organización o “mafia”, o bien, el poder aparentar una fortuna como algo legal dentro de la sociedad, accediendo al reconocimiento, posición social, placeres o disfrute de una situación económica  ventajosa.  Actividades como malversación de fondos, tráfico de armas, todo tipo de robo y contrabando, prostitución, trata de personas, entre otros, también contribuyen con un flujo considerable de efectivo a las organizaciones criminales.

Sin duda, hay organizaciones delictivas que son más creativas y usan el inmenso capital disponible para sobornar funcionarios públicos, banqueros, políticos, jerarcas de los supremos poderes, por citar algunos ejemplos, dónde los sobornos no necesariamente son en efectivo, sino que pueden adquirir a nombre de familiares o personas cercanas al funcionario o político, los bienes muebles o inmuebles en otros países, o la asignación de montos de dinero en divisas, alojados en paraísos fiscales y bajo la modalidad de cuentas numeradas.

Hay otras actividades económicas que se emplean para el lavado de dinero y que afectan directamente la economía de un país como Costa Rica; la inversión en efectivo de pequeñas sumas de dinero a actividades productivas, sea mediante asociación o por medio de préstamos con tasas de interés accesibles, depósitos en diferentes cuentas de empresas, cuyo monto no llame la atención del sistema bancario y de control, tratando de vincular ésos dineros a procesos de recapitalización empresarial, especialmente de empresas que han tenido que diversificar sus formas de endeudamiento, sea mediante la emisión de nuevos bonos de deuda o nuevas emisiones de acciones; uso intensivo de empresas de papel, donde solamente se requiere la legalización en documentos de la sociedad anónima o entidad mercantil, de tal manera que su funcionamiento sea mínimo y sirva para generar registros contables falsos y como parte de una ramificación de este tipo de empresas, con el fin de confundir o despistar eventuales investigaciones fiscales por los verdaderos montos que se trasladan entre ellas; aparecen inclusive pagando impuestos pero por montos mucho menores de los que manejan.

Por lo anterior, me parece incomprensible las actitudes o declaraciones recientes de algún funcionario del Poder Judicial, más específicamente, del Ministerio Público, cuando manifestara de algún modo su poco o nulo interés por la constitución de empresas de papel y su vinculación con la vida económica y más directamente, la relación financiera de estas con el Sistema Bancario Nacional, teniendo tantos antecedentes de actividades ilegales en nuestro país, en toda América Latina y el resto del Mundo.

Otras formas del blanqueo de capitales son la compra y venta de bienes  como todo tipo de vehículos de transporte, propiedades y afines, los cuales pueden pasarse de manos varias veces dentro de la estructura de la organización, o bien, tratar rápidamente de colocarlos  en el mercado y borrar los rastros; inventar, alterar o falsificar facturas de importación o exportación de diferentes bienes productivos o de intercambio; endeudamientos legítimos y reales dentro del Sistema Bancario Nacional, empleando garantías provenientes de la actividad delictiva, o bien, si el interés es la mera utilización del capital por el capital mismo, se pueden emplear garantías de baja calificación y que ni siquiera cubran el capital inicial del préstamo.

La creatividad de las mafias del crimen es enorme, por lo que hay otros medios para lavar dinero y con distintas variaciones; sin embargo el otro interés de este artículo, corresponde a los efectos directos en la economía de un país como Costa Rica.

Tenemos un mercado de divisas que es controlado por la oferta y demanda, e intervenido cuando se requiere por el Banco Central de Costa Rica; pero al existir una o varias estructuras de lavado de dinero cuya premisa fundamental es la de no reportar sus caudales, ni al Banco Central y menos al Ministerio de Hacienda para efectos tributarios, la alteración eventual de los indicadores económicos del Banco Central y del Ministerio de Hacienda pueden ser fatales para una economía pequeña como la nuestra.  Dos situaciones para ejemplificar: un aumento no registrado de la oferta monetaria  en la economía, presiona al Banco Central a que aumente las tasas de interés pues no tiene cómo medir que la mayor circulación de dinero se debe al blanqueo, no a actividades  económicas legales, incrementando  las tasas de préstamos a la industria, a la construcción de casas, a la inversión en general o por consumo personal;  una situación colateral es la especulación que se da por el aumento o la disminución del tipo de cambio, siempre debido a indicadores del Banco Central que no se ajustarían a la cantidad de dinero y especialmente divisas que circulan dentro de la economía y que pueden provenir del lavado de dinero, generando el ambiente propicio para un eventual “mercado negro de divisas”, actividad que sin duda estaría en manos de las organizaciones criminales.

Por otra parte, en lo que respecta al mercado inmobiliario, al ser la compra y venta de bienes una actividad principal del crimen organizado, o bien, como consecuencia de una mayor circulación de efectivo en la economía, la conformación de una “burbuja” en los mercados relacionados, hace precisamente que el valor de  mercado de propiedades, por ejemplo, sea cada vez mayor, pero no mediante la generación de plusvalía, por citar un factor, sino por la sucesiva compra y venta de dichas propiedades que va alterando los precios de referencia, incluyendo las propiedades vecinas y así de todo el sector; un caso especial, aunque con naturaleza distinta, fue la “burbuja inmobiliaria” que produjo la Crisis Económica Mundial de los años 2007-2008.

Las repercusiones inflacionarias de un aumento en el consumo por parte de sectores beneficiados, directa o indirectamente por el lavado de capitales,  es una afectación que perjudica a toda la población, ya que el aumento del consumo de bienes y servicios no se debería por un incremento en el poder adquisitivo  -digamos aumento de los salarios o disminución de impuestos-  siendo los indicadores del Banco Central o del Ministerio de Hacienda, hasta cierto punto ineficaces para reflejar la realidad de la economía nacional, ello ante un escenario de un alto blanqueo de dinero.

Las diferentes ramificaciones en la economía y consecuencias para los ciudadanos son muy grandes; los altos niveles de delitos asociados, el alto nivel de corrupción en todas las esferas sociales y de gobierno, las repercusiones en la vida comercial, la ineficiente redistribución de la riqueza, la reputación de nuestro país en los mercados financieros internacionales, son apenas la enumeración de síntomas del lavado de dinero que carcome el alma y la riqueza de una nación.  

Por todo ello, resulta preocupante cuando en los medios de comunicación, aparece una noticia que indica que el 73 por ciento de los casos por lavado de dinero son desestimados por el Ministerio Público; un 73% de un 100% de lo que fue denunciado, siendo tan o más preocupante la cantidad de dinero sucio y de redes criminales que siguen en la impunidad, causando dolor, deterioro humano e influyendo de diversas maneras ilegítimas en la sociedad y en la economía nacional.

El fortalecimiento de la legislación, una mayor atribución y acceso a datos por parte del Ministerio Público y los tribunales de Justicia, una mayor capacidad logística en cuanto a personal, tecnología y presupuesto para la Dirección General de Tributación Directa y para la Dirección General de Aduanas; una intervención más proactiva de las entidades fiscalizadoras del Sistema Bancario Nacional, del Registro de la propiedad, de la dirección de Notariado, entre otros, harían más difícil el trabajo de las organizaciones delictivas, permitiendo inclusive, que los rastros del dinero sucio sean más evidentes, tanto para desmantelar las organizaciones criminales, sus integrantes y socios, así como las personas que son esclavizadas  y que sufren día con día una deshumanización.

Pero lo que ayudaría  en mucho, es una demostración ejemplarizante de los jerarcas de los tres poderes de la república de erradicar el compadrazgo, el eventual tráfico de influencias, la posible aceptación de dádivas a partidos políticos o particulares, demostrando una tolerancia cero a la corrupción, ya que esta es necesaria para el establecimiento y desarrollo de las organizaciones mafiosas, tal y como ha podido verse en el pasado reciente y en muchos países del mundo.

***

Este artículo de opinión —como todos los que publicamos— representa el criterio de quien firma el texto. Si usted desea publicar en Teclado Abierto puede enviar su texto a diego@delfino.cr para que lo consideremos.