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La crisis por la enfermedad COVID-19 nos está generando una nueva realidad, que puede significar un punto de transformación estructural y sistemática, que recae sobre el modelo de desarrollo que reproducen las sociedades.

Debemos tener cuidado con las propuestas que van a ir surgiendo y que buscan potencializar un modelo que tiene como prioridad la generación de riqueza a través de actividades extractivas (es decir que depende de la extracción y explotación excesiva de los recursos naturales) que generan la degradación de los distintos ecosistemas y sus servicios, mismos que sirven para el soporte de los ciclos biológicos y de las sociedades. Este modelo además ha causado la pérdida de la biodiversidad y ha potencializado el cambio climático, el mayor desafío de mi generación y de todas las generaciones.

Sobre este tema me gustaría que comentemos que este año estamos alcanzando niveles históricos de las concentraciones de gases de efecto invernadero, incluso a pesar de las medidas de confinamiento y reducción de emisiones de las industrias, pues las concentraciones siguen aumentando en la atmósfera, dado que la reducción no es lo suficientemente grande como para frenar ese aumento de las concentraciones.

Entonces, quizás podemos pensar, de forma poco optimista, que los esfuerzos no serán valiosos, pero nos estaríamos equivocando, justamente en este momento es cuando debemos sumar y construir, pensando en promover y desarrollar un modelo sostenible que priorice la integridad ambiental y la dignidad de las personas, que tenga como base el enfoque de derechos humanos y el enfoque ecosistémico.

Este es el momento para que surjan las propuestas que necesitamos para potencializar los sumideros de gases de efecto invernadero —las áreas que capturan a estos gases—, este es un rumbo a seguir como parte de la mitigación climática, ya que estos contribuyen a la reducción de esas concentraciones de gases de efecto invernadero que están en la atmósfera.

Costa Rica es un país que funciona como sumidero por sus bosques y océanos, ya que somos un país once veces más grande en área oceánica que terrestre, y los océanos justamente son de los principales sumideros del mundo.  Bajo esta línea debemos plantearnos el seguir ejecutando medidas que permitan un desarrollo que vaya de la mano con la conservación, aplicadas en áreas como el turismo, el sector agropecuario y empresarial. Así como trabajar en la restauración de áreas que han sido degradadas, procesos pueden estar en manos de las mismas comunidades. De esta forma también podemos trabajar en la prevención de nuevas enfermedades de origen animal, es necesario dejar de perturbar a la naturaleza para evitar la liberación de estas enfermedades (la misma COVID-19 es un ejemplo de esto). No es momento —ni nunca lo será— de pensar, planificar y construir el desarrollo basado en actividades extractivas insostenibles.

Sumado a la potencialización de sumideros, se deben transformar las economías, pensar y construir el desarrollo hacia la economía verde y azul, que los sistemas productivos sean realmente resilientes, que puedan hacerle frente a las crisis, crisis como la que vivimos por la pandemia de COVID-19 y como el cambio climático.  Además, hay que promover la innovación y la investigación, solo así podremos realmente prevenir las crisis, conocer los fenómenos y avanzar en soluciones.

Debemos trabajar en aumentar la capacidad adaptativa de las personas vulnerables, ya que la vulnerabilidad se acentúa ante la crisis, lo vemos con la crisis climática y lo vemos con esta crisis por COVID-19, podemos hacerlo con medidas directas a proteger sus derechos y su desarrollo, en esto también juegan un rol valioso los ecosistemas saludables: brindan mejores servicios que cuando están siendo explotados y degradados.

Tenemos un enorme desafío, que no puede esperar a un período “post COVID-19”, es un desafío que se debe trabajar a corto plazo, considerando posibles comportamientos a mediano y largo plazo. La acción va desde lo individual hacia lo colectivo, e involucra sobre todo a quienes toman decisiones a nivel de gobiernos locales, del Poder Ejecutivo y la Asamblea Legislativa y que justamente en este momento deben ser generadores de propuestas y soluciones, que tiene en gran medida el peso de reconstruir el modelo de desarrollo.