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Japón, tiene una superficie de 377.970 Km2.  Unas siete veces y pico más grande que Costa Rica. Es un país muy poblado, con alta densidad en las grandes ciudades y al 2020 cuenta con 126.529.100 habitantes. Es un archipiélago compuesto por 6852 islas. Tokio es la capital de facto y se encuentra en la isla de Honshū, es la mayor área metropolitana del mundo con más de treinta millones de personas. Solía creer que el primer lugar de hacinamiento era la Ciudad de México y su zona conurbada. Convivir en zonas tan llenas de gente con tanto contacto e interacción solo podía tener una solución cultural propia: ¡estos fantásticos japoneses!

En Japón existen dos formas de comportarse y de estar en público: el primero de ellos es el tatemae, que puede explicarse como el conjunto de opiniones y comportamientos que la sociedad japonesa considera como “adecuados” a la hora de establecer cualquier tipo de relación humana. Los japoneses viven y actúan según los códigos sociales establecidos desde tiempos remotos y se ciñen a esta norma sin salirse del papel. En Japón el juego de las apariencias es de vital importancia. De ninguna manera debe confundirse tatemae en Japón con hipocresía, porque en ese contexto cultural y geográfico es la forma de convivir aceptada que evita la generación de confrontaciones y conflictos. De hecho, en Japón, con casi 127 millones de habitantes, solo existen registrados 13.200 abogados y la mitad de ellos ejercen en Tokio, sobre todo Derecho Corporativo. Los índices de criminalidad en ese país son muy bajos. Costa Rica, aún lejos de los seis millones de habitantes, cuenta con cerca de treinta mil abogados incorporados (siendo conservadores), y la percepción de inseguridad amerita un artículo aparte. Los Jueces y Fiscales en todo Japón apenas llegan a 2.640 aproximadamente, haga usted sus propias conclusiones. Estamos hablando de la tercera economía más grande del mundo.

La segunda forma de ser en Japón es el honne. Se trata de los sentimientos y deseos verdaderos que albergan los japoneses en su interior, y que reprimen para no expresarlos de forma abierta a la sociedad. En la cultura occidental podría parecer que este concepto, intrínseco de los habitantes del archipiélago asiático, les convierte en personas “falsas”, “hipócritas”. Nada más lejos de la realidad. Los japoneses evitan expresar sus verdaderos sentimientos por “miedo” a entrar en conflicto con otras personas. Así, el honne aparece en contadas ocasiones. Por ejemplo, en reuniones con amigos, bebiendo con los compañeros de trabajo, disfrutando de una sesión de karaoke (práctica que actualmente está en declive en Japón). Situaciones desinhibidas donde se “dejan llevar” sin miedo a lo que pensarán los demás. Es más, en este tipo de situaciones el interlocutor entiende que el honne hace acto de presencia sin alarmarse ni sentirse incómodo por la situación. Pero luego, el ciudadano japonés retoma el modo tatemae sin siquiera pensarlo, es parte de su ADN cultural y les ha funcionado. Los conceptos honne y tatemae son parte esencial de la sociedad japonesa. Sin entender estos dobles códigos no se podría realizar un estudio real del comportamiento de los habitantes de ese país, ni podría entenderse la forma de pensar de su sociedad.

Comparado con el resto de Centroamérica, nosotros hacemos una especie de tatemae a la tica. Mi experiencia laboral en Costa Rica ha sido bendecida y productiva; en cambio, el trato con varios colegas ha sido tan complejo a nivel humano, que yo, teniendo la mala fortuna de ser mayoritariamente dispuesto a la modalidad honne, me cuesta mucho descifrar los códigos de comunicación, los mensajes ocultos del tatemae tico, las sonrisas que parecen reales, al punto que a veces al llegar a casa, sangro en la espalda y no sé quién clavó los cuchillos.