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Una de ellas, o todas, dejaron un marido que la agredía en Nicaragua y se vino a Costa Rica a trabajar. Dejó allá hijos grandes y una familia resentida que le dejó de hablar.

Aquí se hizo de una pareja y se fueron a vivir juntos arriba del negocio donde él trabajaba. Ella consiguió trabajo como empleada doméstica. Sin papeles, obvio. Sin Caja.

Todas las semanas, manda plata a Nicaragua y él le pide un poco. Es un ahorro para poderse traer a su mamá a vivir con ellos, dice él.

Y de repente, se entera que, en un viaje a Nicaragua, él se casó con otra mujer y la plata que le había estado pidiendo, era para traerse a la otra. Discutieron, obvio, y el casero les dio un mes buscar dónde vivir porque no quería broncas.  Ella ahora tenía que buscar un cuarto donde vivir porque para alquilar una casa, no alcanza. El amenazó con llevarse las cosas que ella había ido comprando.

En medio de eso, le avisaron que su papá agonizaba. Viajó toda la noche de un viernes, pero o el papá no la quiso ver o la familia se lo impidió. No se sabe bien.

Mientras estaba allá, una de sus hijas además le reclama: se acaba de enterar que es fruto de una violación. Está furiosa porque le escondieron su origen y porque la verdad se la contó una tía.

Se quedó tres días y se devolvió para cruzar la frontera ilegal. El papá murió al día siguiente. Vuelve a su trabajo y llora por ratos y revisa mensajes y manda audios.

Dos semanas después, le avisan que esa misma hija tuvo un accidente de tránsito y la van a operar. Otra vez pedir permiso. Pedir que le adelanten plata de algo o la ayuden: la cirugía hay que pagarla.  Otra vez muchas horas en bus, un fin de semana, el regreso clandestino. Y de vuelta al trabajo.

Todo eso en seis semanas.  Es que cómo se complica esa gente. De todo les pasa.

Porque claro, se nos olvida.

Si fuese tica, sabría que puede poner una denuncia de violencia doméstica.

No tendría miedo por estar ilegal.

Tendría familia o amigos que la acogieran si se queda sin un lugar donde vivir.

Vería siempre a su familia y no solo en las dos semanas de vacaciones de fin de año.

No tendría que viajar 10 horas para ir a ver morir a su papá.

A su hija la hubiese operado la CCSS.

Nunca, NUNCA, la habría violado un soldado.

Un mundo de diferencia, solo por el lugar donde le tocó nacer.