Exigimos como sociedad equiparar los roles de género entre los hombres y las mujeres, entre ellos el cuido de los hijos y hijas, pero como país no damos los pasos ni las herramientas necesarias para lograr este balance. Ni prestamos el hacha, ni picamos la leña. Una política que vendría a ayudar sobre este frente, es la de licencias de paternidad.

El tema de momento esta varado en una mesa interinstitucional convocada por Casa Presidencial desde marzo. No parece tener el apoyo ni del sector privado, el mayor empleador del país, quien dice que saldrá carísimo, ni del sector público, quien dice no tener fondos.

Pero más allá de un “gasto”, ¿por qué insistimos en ver la salud como un costo para el país, y no como una inversión? Si vemos la evidencia existente, hay que tener claro que el beneficio verdadero recae sobre la relación padre/hijo-hija, la salud de la madre, y el futuro del recién nacido. Si llegáramos a cuantificar los escenarios de estos beneficios en Costa Rica, no me queda la menor duda que la inversión tendrá un gran retorno.

Si bien los datos que a continuación cito son de otros contextos, es trascendental que los estudios que se están dando en este momento en Costa Rica para determinar si las licencias de paternidad son viables tomen en cuenta algunos de estos números.

En cuanto a la salud de la madre, por ejemplo, un estudio reciente demuestra que el apoyo del padre en labores de cuido en el periodo del postparto puede significar una reducción importante en hospitalizaciones perinatales, depresión post parto, e inclusive infecciones relacionadas con el parto. ¿Cuánto ahorro en costos en atención en salud significaría esto para la CCSS?

En relación con los beneficios para los hijos e hijas, un estudio de la Universidad de Oslo, revela que los niños y niñas cuyos padres tomaron una licencia de paternidad mostraron un mejor desempeño en la escuela. Lo anterior fue ratificado posteriormente por un reporte de la OCDE, donde se vinculó las licencias de paternidad con mejores puntuaciones cognitivas de parte de los niños y niñas. Esto se podría relacionar con el rol de la estimulación temprana, y el desarrollo neurológico tan vital en las etapas tempranas de la vida. ¿Cuánto beneficio a largo plazo en la vida de ese niño y niña significa un mejor desarrollo cognitivo?  Mucho, tanto para su vida educativa, como en su vida laboral, y su vida personal.

Si hablamos de mejorar la participación de las mujeres en el mercado laboral, y lograr la igualdad de salarios entre mujeres y hombres, las licencias de paternidad demuestran beneficios en ambas metas. Otro estudio en países de la OCDE recalca que cuando el cuido infantil recae exclusivamente en la madre, esto se traduce en una reducción en los salarios de las mujeres. La explicación según los economistas yace en que el tiempo fuera del trabajo las priva de experiencia y promociones. Sin embargo, cuando los hombres se corresponsabilizan del cuido, el efecto sobre la reducción en los salarios de las mujeres tiende a ser menor. Las licencias de paternidad en este sentido pueden también significar una reducción en la discriminación a la hora de entrar al mercado laboral, ya que, si bien es ilegal, la discriminación en contra de las mujeres por la posibilidad de crianza de hijos sigue siendo una realidad en nuestro país. Al hacer obligatorio las licencias de paternidad, esta variable se ve eliminada. ¿Qué tan importante es para nosotros como país que las mujeres tengan las mismas oportunidades que la de los hombres?

¿Qué pasaría entonces si llegáramos a cuantificar económicamente todos estos beneficios? Y más allá de lo económico ¿Qué peso le ponemos al bienestar familiar y la equidad de género como sociedad?  Es hora de diversificar nuestra moneda de cambio a la hora de hacer política pública. Es hora también de entender que la salud y el bienestar son inversiones, no gastos. Las generaciones futuras estoy seguro de que lo agradecerán.